Cuando leemos la Biblia, nos encontramos con una serie de términos y especialmente en las de versiones antiguas, que nos hace preguntar a qué se refieren. Por estos días y pendiente de un estudio que se está realizando, el Señor me ponía uno bien particular.
Se trata de los grupos de personas o poblaciones que se registran en la Palabra y especialmente en el Nuevo Testamento. Tenemos muy claro el hecho de que el pueblo judío es uno apartado desde Abraham para ser Su elegido entre las naciones “Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra.” (Deuteronomio 14:2).
Posteriormente se habla del pueblo gentil, que implica todos los demás pueblos de la tierra diferentes a Israel. Dentro de estos, clasificamos a todos los que no somos decendencia de Abraham en la carne.
El verso anterior lo dice claramente, y es bueno entender, que somos de alguna manera descendencia de Abraham y no simplemente tomar partido por aquellos que muestran su antisemitismo “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis 12:2,3)
De hecho estamos viendo la bendición para los que bendigan a este pueblo y la maldición para los que procuran su mal. En un mundo tan convulsionado como el nuestro, es común ver a la gente tomando partido por los que los persiguen sin contemplar la palabra de Dios.
Pero regresando al tema que nos ocupa, seguimos hilando más delgado en cuanto a los grupos que hoy por hoy pueblan la tierra. Se trata claramente de tres y son dos que buscan de Dios y aquellos que le rechazan.
En el Antiguo Testamento se mencionan dos y se remiten a judíos y gentiles. La descendencia directa y en la sangre de Abraham y los gentiles como todos aquellos que para nada se acercan genéticamente a Él.
Ya en el Nuevo, nos encontramos el primero, el segundo y un tercero que es la Iglesia de Cristo. “… hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; …, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.” (1 Corintios 10:31-33).
De entre ese pueblo gentil (incrédulo y no judío), se deriva un tercer grupo que acepta el plan de salvación de Dios en Su hijo Jesús, y por supuesto pasa a constituir la Iglesia Cristiana “…ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios”.
A pesar de que el Evangelio ha sido y sigue siendo difundido a todo el mundo, la Palabra hace una clarísima diferencia entre estos grupos y que determinará el futuro eterno de cada uno de estos.
REFLEXIÓN: Pertenecer a uno de estos es una decisión personal e intransferible!
LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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