Cuando analizamos el proceso de fe de Abraham, es importante que esta viene acompañada de retos, de procesos que de alguna manera la prueban y en el camino la van depurando.
Este hombre tuvo históricamente el privilegio de ser llamado de una manera especial “…: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:23), esto parece fácil a simple vista, pero en su tratamiento, tuvo que pasar por muchas que usted mismo y en su propio proceso pensaría antes de enfrentar.
Para no ir tan lejos podemos mencionar el día en que el Señor le da la instrucción de sacrificar a su hijo “… toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” (Génesis 22:2).
No mas pregúntese usted, si este fuera su caso, qué haría?. Era el primogénito, el único, uno que llegó por la voluntad del mismo Dios y no de hombres como el caso de Ismael, y en un momento biológico, en el que ni su esposa ni él estaban habilitados para hacerlo.
Uno que esperaron siempre, que por fin llega en un contexto milagroso y que le pidan sacrificarlo?. Se necesitan muchas agallas o mucha, pero mucha fe para decirle a su hijo “vamos” a presentar sacrificio al Señor, sin decirle que él mismo iba a ser el sacrificado.
Usted desde este lado de la historia lo ve sencillo, pero si usted fuera Abraham, la cosa sería diferente. Es aquí dónde debemos reflexionar y dimensionar el inmenso sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario.
Dios en ningún momento pensó en hacer que un padre matara a su hijo, y si ese hubiera sido el caso, Él habría tenido el poder para resucitarlo y volvérselo a entregar sano y salvo. Se trataba de una prueba de fe, de una de lealtad por mostrarse, pero basada en un hombre.
Una cosa es que usted diga que ha aceptado a Cristo como su Salvador y otra muy diferente, poner a pasar hambre a su familia de manera consciente porque el Señor se manda.
Podemos afirmar con claridad y sin sacar la Palabra de contexto, que el Señor “cuidó” la vida de Isaac; pero no lo hizo con la de Su propio hijo “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32a).
No sé si usted entiende la dimensión de esto, yo escasamente logro ubicarme en la situación de Abraham y en la de Dios mismo, cuando sus hijos van a ser sacrificados. El Señor protegió a Isaac, pero sobre Jesús puso todo el peso de la ley ya que en Él representado todo el pecado de la humanidad.
Obviamente no contemplamos el ingrediente del Todo Poder del Dios y que para Él no hay nada imposible. La próxima vez que vea a su hijo en una situación difícil, entréguelo al que Todo lo puede, en la seguridad de que Él puede sacarlo adelante si es Su voluntad, como hizo con Isaac.
REFLEXIÓN: El hecho de no alcanzar comprender el resultado de las pruebas, no quiere decir que no sea para bien!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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