Desde siempre y a lo largo de la vida experimentamos algo que podríamos llamar, inherente a este proceso. Es algo perfectamente normal en la niñez y hablamos de las caídas. Persona de cualquier sexo que no se haya caído al piso, es porque no ha tenido niñez.
Desde los primeros pasos, seguidos de varias etapas, en el caminador, el triciclo, la patineta o la bici, siempre nos habremos de encontrar con una caída y que coloquialmente llamamos en algunas partes “porrazo”.
Esto en medio de todo es parte de crecimiento, nos enseña a ser más cuidadosos; pero cuando ya llegamos a adultos es diferente. Yo sé que en algún momento usted se habrá encontrado con un desnivel que no tuvo tiempo de leer por distraído o simplemente por estar pegado al móvil.
Cuando se es niño, vaya y viene, pero de adulto se encuentra uno con la rabia de su torpeza y con las miradas ajenas del entorno. Da mal genio en acto seguido de la respectiva raspadura, hematoma o hasta fractura.
Pero el asunto no se queda aquí, en la parte puramente física. En otras oportunidades hemos visto el tema desde lo espiritual y siempre llegamos a la misma e inquietante deducción bíblica.
Tal vez en la parte física sea un asunto de un breve lapsus, descuido o un movimiento imprudente, pero en la parte espiritual y como lo muestra la Biblia es un proceso. Hay muchos versos sobre esto, pero uno que siempre tocamos es el claro ejemplo de Pedro.
Pedro y su negación que leemos en todos los Evangelios con diferentes detalles, pero con un mismo resultado. Es interesante que ese “antes de que el gallo cante”, abre también una opción sobre una rutina del ejercito romanos, que dividía la noche en vigilias de tres horas, y que al término de cada uno hacía tocar la trompeta a manera de un gallo.
Pero en la que realmente nos ocupa a nosotros, habla del canto del gallo y que tal y como lo describe la Escritura así pasó. Para empezar, podemos anotar que esta negación de Pedro ya estaba cantada “Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.” (Mateo 26:34).
Por esto, el Señor mismo lo invito en Getsemaní a mantenerse en oración “Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.” (Marcos 26:38) , pero él prefirió ponerse a dormir o sólo estaba agotado “Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo,….” (V:40).
Debemos ser conscientes de que cada vez que aseguramos estar firmes, esto es la antesala de una caída “Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré”. (V:35). A usted y a mí nos ha pasado, que ese pecado con el que lidiamos recurrentemente, suele darse poco después de habernos creído en victoria.
Recuerde siempre, que la caída espiritual en nada se parece al “porrazo” que usted y yo no dábamos cuando éramos niños.
REFLEXIÓN: La caída es como el aterrizaje de un avión, programado, pero en oculto!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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