Una de las más tristes facetas del ser humano, está en la de no asumir responsabilidades. No hay excusa válida para cualquiera que sea la falta y se aprecia en el día a día, donde la gente no respeta las filas y menos se disculpa por no hacerlo.
Es algo que hemos visto desde el mismo principio de la Creación, desde cuando el Señor plantó a la primera pareja en el huerto de Edén. Frente a la desobediencia de Eva, Adán no tuvo problema en lavarse las manos con ella y ella con la serpiente.
Quién era el responsable de esto, por supuesto que era el varón puesto por Dios para administrar, no solo la misma creación, sino su hogar. Pero nada obstó para que este pariente nuestro le trasladara la responsabilidad a su compañera.
En algunas ocasiones ya he mencionado, que lo único que me impresiona, es la personalidad, el todo poder, la omnipresencia, la omnisciencia y la presciencia de Dios. Nada en este planeta me puede impresionar y muchas gracias le doy a Él por esto.
Hay personas que se muestran fácilmente impresionadas por una casa, un vehículo o por cualquiera de las cosas que se ven a simple vista. Cosas finitas y sobre las que la Biblia advierte claramente “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” (1 Juan 2:15). Cuando uno es impresionado por una de estas cosas, no está nada lejos de codiciarlas y quererlas para si; es por esto que Dios nos advierte sobre dónde debe estar nuestra mirada.
Pero regresando a la triste realidad del principio, nos encontramos también en la Biblia, que durante todo el tiempo de esta creación, el Señor siempre ha tratado de poner al hombre a cuentas con Él.
Sin ocultar, excusar o subestimar el pecado, pero siempre le ha dado todas las herramientas necesarias para hacerlo. Si vemos el Antiguo Testamento, encontraremos todas las leyes ceremoniales que lo permitían.
Si vamos al Nuevo, nos presenta tanto a judíos como a gentiles un Salvador que se haga cargo de nuestro pecado, pero con todo esto, seguimos en lo mismo. Además de lo mencionado y que me impresiona del Señor, está algo que va mucho más allá de Su creación: Su capacidad de perdón!.
Esto es algo realmente impresionante, y deberíamos preguntarnos si Él va a seguir perdonándonos indefinidamente. Hasta cuándo va a estar defendiéndonos de esta triste condición y de la que ni siquiera queremos estar conscientes?.
Es importante aclarar que Cristo no excusa nuestro pecado, Él lo asume con la justicia lograda a través de Su sacrificio. “Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador?” (1 Pedro 4:18). Él es quien intercede, quien se pone el sucio overol de nuestro pecado, para que nosotros podamos vernos limpios y nos defiende aunque el acusador nos siga señalando.
Esto debería comprometernos a andar en humildad y gratitud total!
REFLEXIÓN: Dios no excusa el pecado por más de que no queramos asumirlo!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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