Hasta hace no mucho, los perros eran considerados un objeto más de la naturaleza. Algunos los apreciaban como compañía, otros los tenían como negocio, otros vivían para exponerlos y usufructuarlos y tristemente la mayoría los despreciaba y los temía por encontrarse vagando por las calles de las ciudades.
Esto para no mencionar otras facetas de la vida de los perros, y de las que salían tristes frases como “lo botaron como un perro” o tengo vida de perro, haciendo énfasis en lo despectivo del trato hacia estos pobres animales.
En la antigüedad se veían como un animal salvaje, se les perseguía al verse recogiendo basuras en las poblaciones y ser fuente eventual de contagios como la rabia y otras enfermedades.
Obviamente las cosas han cambiado, al punto de que los caninos hoy por hoy ya son parte de las familias. Ya la vida de perro no es la que llevaban anteriormente y hasta se llega al punto de tratarlos mejor que a los seres humanos.
En muchos hogares han pasado a reemplazar a los niños, y sin mucho respeto hacia los demás, sus propietarios dejan sus excrementos regados en las calles y parques robando el espacio para los pocos niños que los frecuentan.
Los valores se siguen viendo trastornados en todos los aspectos y este renglón de los caninos junto con los felinos y otras especies, se ha convertido en un negocio multimillonario, con profesionales a su disposición y un comercio abrumador que sobrepasa los límites razonables.
Han pasado de ser despreciados y perseguidos a puestos de privilegio en las casas; y esto nos sirve de marco para ilustrar guardadas las proporciones y respeto por la Palabra, sobre el abrupto cambio que hubo en la vida de un nieto de Saúl, el primer rey de Israel.
Se trata de Mefi-Boset, un hombre lisiado de los pies por un accidente durante su infancia y al que David quería buscar para ayudarle en su entrañable amistad con su amigo Jonatán. Para no ir tan lejos, lo encuentra y lo hace llevar delante suyo “Entonces envió el rey David, y le trajo…Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo” (2 Samuel 9:5,6).
Lo que llama la atención, es cómo pasa de la casi indigencia a pesar de que la riqueza de su familia de la que había sido privado por sus sirvientes, a la excelencia “…le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa” (V:7).
Y cómo responde él frente a este ofrecimiento de gracia de parte de David “Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?” (V:8). No se considera digno de estar en la presencia del rey , y eso, precisamente eso es lo que hace Dios con nosotros al recogernos de la indigencia espiritual en que estamos.
Nos lleva y nos pone en la mesa del Rey ,pasamos a ser de Su familia, como uno de los suyos a través de Cristo. Dejamos de ser perros muertos a la vida!!
REFLEXIÓN: Pasar de ser unos perros de la calle al palacio del Dios Todo poderoso!
LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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