Escuchamos frecuentemente sobre los problemas de salud en la población mundial, en la que por un lado, unos abusan de la comida y por el otro está la noticia de todos los que pasan el día sin un plato básico.
No hace falta mirar mucho, para saber en qué lugares del planeta pasa esto, pero si me asombró que en Europa, y concretamente en Inglaterra, el año pasado no en todos los hogares se sirvieron las tres comidas.
Muchos adultos dejaron de comer para que sus hijos lo hicieran completo, y es cuando uno se pregunta qué es lo que realmente pasa en la sociedad. Mientras allí unos viven en la opulencia, otros están en la miseria.
Otro dato que impresiona y hablando del exceso, es que en Estados Unidos 3 de cada 4 personas tiene problemas con el sobrepeso, algo así como el 42% es obesa, y con tendencia a obesidad mórbida o clase III, constituyéndose en el problema más grave de salud pública.
Por supuesto que todo esto tiene que ver con los excesos o la física necesidad, pero los que pueden comer qué están ingiriendo para estar prácticamente en la misma línea de los que no tienen?.
Malos hábitos, pobreza, inseguridad para ejercitarse haciendo que dependan de un vehículo para todo, y algo que no está nada lejos de un pecado que censura la Biblia: Pero sin querer juzgar, nos re-enfocamos en el motivo de reflexión de hoy y tiene que ver con lo que permitimos que entre en nuestra mente.
Así como se dan los malos hábitos en la comida física, también los encontramos en la comida espiritual. Qué vemos, leemos o escuchamos es la pregunta, y por supuesto qué resultados esperamos de acuerdo a esa dieta.
Si en nuestro corazón no ingresa lo indicado, tampoco podemos esperar que salga lo bueno, o mejor dicho lo que espera Dios de nosotros “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a este señaló Dios el Padre” (Juan 6:27)
La ecuación es sencilla, cuando yo me dedico a ingerir comidas rápidas y procesadas, pero no quemo todas esas calorías, termino por convertirme en un almacén de grasa mal sana. Estaré abriendo la puerta a a desnutrición y a cuanta enfermedad existe.
Cuando abro la Biblia, leo mensajes de edificación, estudio y me complazco en alabar a Dios con la música, estaré sembrando algo que más temprano que tarde mostrará sus resultados.
Es bueno hacer periódicamente, una limpieza de todo lo que ingerimos espiritualmente si queremos buscar la integridad y ese camino a la santidad que el Señor espera de nosotros. Reflexionar sobre cuáles son los resultados que buscamos en el proceso del creyente, que va hasta que Dios mismo nos llame o nos recoja.
REFLEXIÓN: De lo que recibimos damos y nada más lejano a lo bueno que el mundo!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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