Al revisar en la historia de Abraham, el “amigo de Dios” del Antiguo Testamento, nos encontramos con un hombre como usted o yo, con uno que tuvo aciertos así como equivocaciones, pero que con todo y esto, terminó siendo el padre de la fe.
De esa fe que compartimos hoy millones en el mundo y que nos traslada a esa esperanza tan esquiva para la mayoría de la humanidad. Han sido siglos, no años de vida sobre la tierra, en los que Dios mismo ha estado buscando la forma de mantener una relación con el hombre.
Pero dentro de la historia de ese hombre tan especial y amigo de Dios, valdría la pena regresar a un incidente, entre otros, que todavía tiene repercusiones en la historia de Israel como nación “Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. Dijo entonces Sarai a Abram: … te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai” (Génesis 16:1,2).
Un simple “quizá tendré hijos de ella” (V:2), de Saraí, y así empezó todo, un sin número de errores que han llevado a este pueblo especial para Dios de un conflicto a otro y siempre basado en lo mismo, la desobediencia “Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos,… Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga” (Levítico 26:14-19).
Hoy es fácil ver este mismo problema en el creyente promedio, que no confía, que no espera en lo que Dios le dice, que se preocupa y quiere ayudarle a Dios en sus fuerzas. Saraí quiso darle una mano al Señor y Abraham no impuso su fe como lo hizo Job con su esposa“…le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.” (Job 2:10).
Lo cierto es que este simple y común error de creyente, se ha cobrado muchas vidas a lo largo de todos estos años. Ha sido el detonante de muchas guerras, persecuciones y todo lo que estas implican.
Sería interesante, tener en cuenta esta historia del amigo de Dios, aprender a esperar, a obedecer, a esperar en Su tiempo y sobre todo aprender a creerle al Señor. Algo que hemos dicho siempre en esta reflexión, es que una cosa es “creer” en Dios y otra muy diferente “creerle” a Dios.
En este orden de ideas, le exhortamos a algo muy simple y que quisiéramos que nuestros hijos hicieran, aprender de los espejos, de los “ejemplos que nos deja esta simple, pero enriquecedora historia de Abraham.
REFLEXIÓN: Es importante dimensionar lo que un simple pecado ocasiona en la vida de millones!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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