Cuando vemos como creyentes el inexorable paso del tiempo y hacemos una retrospectiva de la historia de la humanidad, nos encontramos que definitivamente todo se resume en los que se pierden y los que se salvan.
No estamos hablando de una de las tantas tragedias del día a día en el mundo, hablamos del perfecto plan de salvación de Dios al que no muchos se acogen. Todos conocemos los periodos de amnistía del sistema financiero para las deudas y lo rápido que se acogen los afectados.
Otros son que migran de su país en busca de mejores oportunidades y aunque no lo comparto salvo por causas de barbarie política o pobreza extrema, no hay muchos que se resistan a una oportunidad si se la dan.
Salvar su vida física y la de los suyos es una prioridad, pero cuando hablamos de la salvación del alma no. Nadie lo ve como algo urgente, es más, es algo de subestimar o que puede esperar un tiempo en el mejor de los casos.
Primero solucionemos lo del almuerzo y donde dormir, luego hablaremos del resto. Pero resulta, que una vez solucionada la comida y la vivienda, surgen otras de carácter superfluo y nunca tendremos tiempo para hablar de lo más importante.
En reflexión pasada, decíamos que un día haremos un resumen de lo que fue nuestra vida y nos encontraremos con que toda preocupación fue en vano, porque Dios siempre estuvo en control.
Algo así como ciento cincuenta mil personas mueren diariamente, y la gran mayoría, si no la totalidad se van al infierno. Así como lo lee, a un sitio de tormento eterno del cual no se podrá ya salir.
El problema radica, en que una vez que esa gran masa de personas sea consciente del sitio en donde está y en el que van a estar por la eternidad, ya no habrá solución. En ese momento verán el carácter prioritario e impajaritable que tenía el hablar de Cristo.
Hay un verso que nos recuerda la importancia de no dejar pasar este tiempo “¿Por qué me hicieron airar con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas? Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos.” (Jeremías 8:19b,20). Tiempo tuvieron y tiempo han tenido, pero las prioridades fueron, son y serán otras.
Dios ha permitido todo el tiempo y este se va acortando; si va llamando de este mundo, es porque ya no hay nada que esperar de estas personas. Los salvos se van con Él, pero los que se pierden qué?. Tuvieron la misma oportunidad que usted y yo para creer, pero no la vieron o no la quisieron ver.
Gastaron su tiempo en sofismas de distracción como la comida, el vestido, la vivienda o con la misma religión; pero no vieron al que Todo lo tiene, a Cristo.
REFLEXIÓN: Dejar pasar el tiempo de la siega es el principio de una terrible eternidad!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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