La Biblia es un libro que por su trascendencia en la vida pasada, presente y futura de los seres humanos, debe ser contemplada en cada día. Son muchas las enseñanzas e información allí depositadas, es imperativo conocerlas y es un pesar que el hombre las subestime.
De dónde se viene y para dónde se va, debería bastar para llamar la atención de la persona promedio. Este hombre promedio, recurre a fuentes como el horóscopo, desde el ciudadano de a pie, hasta los mismos gobernantes.
Siempre ha estado ávido de información sobre sus orígenes, el porqué del presente y sobre su futuro: La verdad no entendemos cómo no se le da, por recurrir a la fuente primaria y total de todo lo que le ataña.
Esto es parte de ese gran misterio que rodea la conversión y bien sabido es, que todos estamos invitados, pero no todos aceptaran ese llamado. A todos les es dado ser criaturas de Dios, pero a muy pocos ser Sus hijos.
Si a usted apreciado lector le preguntan si cree en Dios, estamos seguros o casi seguros porque hay excepciones, que usted contestaría que sí. Pero si concretamos la pregunta aún más en: “qué tanto le cree usted a Dios?”, cuál será su respuesta?.
Todos los que dicen que creen, mienten, roban, fornican se emborrachan, fuman y las demás cosas condenadas por ese mismo Dios. Hay alguna coherencia entre estar en un edificio rezando por treinta o cuarenta minutos y luego salir a seguir haciendo lo indebido, pecando?.
Por supuesto que no, bíblicamente podemos decir que el Señor no apoya ese tipo de comportamientos. Es más, Él no se ocupa de los incrédulos como lo hace Jesús por sus seguidores.
“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.” (Juan 17:9,10); claramente lo dice, que ha orado por los que le siguen y sigue intercediendo por ellos.
Ha pedido por los que le hemos creído y en otro verso dice que está y estará con nosotros “…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:20b).
La verdad es que nada más puede llenar nuestras expectativas y esperanza como creyentes. Un Dios que no sólo nos ha apartado del mundo, sino que sigue atento a nuestras oraciones y necesidades.
Qué más podemos pedir, si todo ya nos ha sido entregado?. Lo que pasa, es que muchas veces ni siquiera los mismos creyentes dimensionamos el alcance del regalo recibido en Cristo.
REFLEXIÓN: Cuando uno sabe que Cristo ora por nosotros, nada nos debe inquietar!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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