Hace un tiempo pensaba con mi familia en la posibilidad de un viaje a oriente medio, y por supuesto como creyentes, contemplamos a Israel con sus sitios de interés. De hecho, tenemos una familia conocida de hermanos residente en este país que estaría encantada de que los visitáramos.
También hay un hermano, compañero de ministerio y estudioso maestro de la Biblia que ha ido en varias oportunidades, y no visita lo que la cultura religiosa dice, sino que se ha documentado bien y lleva a la gente a los sitios más cercanos al relato bíblico.
Esto en el deseo de visitar aquellos parajes en los que estuvo Jesús, lo que queda de los caminos que recorrió el Salvador; no obstante es de entender que han pasado más de dos mil años y ya muy poco queda desde su sencillo diseño original.
Así las cosas, consideramos que con respeto a otras formas de pensar, la gente, los miles de visitantes que creen caminar por donde un día caminó Jesús, ya no lo hacen. Bien sabido es que la ciudad original de Jerusalén está varios metros por debajo de la actual.
Pero dejando lo puramente físico y pasando a lo que nos invita esta reflexión, queremos hacer más énfasis en la necesidad de “caminar como Jesús” y no solo “caminar por donde Él lo hizo”. Muchas personas que visitan esta zona creen tener una experiencia mística al hacerlo, pero no pasa de ser una emoción que para nada transforma sus vidas.
El Señor nos llama a seguir el ejemplo perfecto de Su Hijo, no simplemente a caminar por donde él tal vez lo hizo. Nada ganamos con llenarnos de emociones pasajeras que para nada edifican, sino “…por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,” (Hebreos 10:20).
Esto es como cuando se va a un templo, se ejercita una supuesta santidad de minutos, pero cuando se sale de allí, el mundo vuelve a reinar en la vida de la gente. Esta clase santidad es de la que “sube como espuma y baja como coco”.
De hecho decidimos cambiar de destino, y pensar en la posibilidad de visitar Estambul y todo lo que se pueda de la Península de Anatolia, donde se encuentran las todavía existentes ruinas de todas las ciudades visitadas por Pablo, así como Capadocia y su entorno donde los cristianos tuvieron que vivir en las montañas de arenisca al ser perseguidos.
Este será un paseo de un eminente deseo de documentarse y afirmar algo del conocimiento que nos ha dado Dios en Su Palabra, pero para nada nos va a cambiar, porque el cambio ya lo hizo Cristo.
Los creyentes ya somos nominalmente santos, por lo pronto estamos en proceso de transformación, un día no muy lejano estaremos con Él para ser perfeccionados y vivir con Él por la eternidad.
REFLEXIÓN: Una cosa es caminar por donde Jesús estuvo y otra muy diferente como Él lo hizo!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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