martes, 3 de marzo de 2026

PENA AJENA

En la reflexión pasada, comentábamos el estado de criticidad que maneja la Iglesia contemporánea y que se refleja en la falta de testimonio del creyente promedio. El creyente es blanco del dedo señalador del incrédulo y muchas veces con razón.

Por estos días mi hijo se encontraba en una reunión, en la que conoció a una niña de muy agradable charla, hasta llegaron al punto, en que como parte de sus trabajos e iglesia conocían a una persona en común.

La conoce usted, le pregunto, sí y efectivamente es la esposa de un amigo. Él se quedó sin palabras cuando esta señorita dijo la clase de persona que es esta señora en el trabajo, de cómo persigue a la gente y de su temperamento.

No pudo mentir y simplemente le respondió que efectivamente era de la iglesia. Yo sé que usted también ha sentido pena ajena, pero qué triste es ver cómo hacemos quedar el nombre de Cristo.

La verdad es que uno se queda sin argumentos, y por supuesto en ese momento la conversación ya dejó de ser tan fluida como antes. Cómo invitarle a conocer del Salvador y cómo explicarle que hay algunos llamados creyentes, que no pasan de serlo nominalmente hablando.

Como decirle que hay muchos que se congregan en una iglesia, pero realmente no conocen a Cristo. Que existen muchas iglesias donde se habla un lenguaje tan cómodo que a nadie transforma.

Que personas como nosotros y por la Gracia de Dios, nos gozamos en el servicio al Señor en varios ministerios y que no hay nada más especial que ser cristiano. No creo estar siendo radical o juzgando a nadie, pero qué hay de nuestra responsabilidad con el Evangelio?.

Todos y cada uno de nosotros experimenta falencias en la vida diaria, no sólo en lo cotidiano, sino en esa exigente forma de vida del creyente que busca agradar a Dios. No es fácil ser cristiano y muy seguramente usted ya lo sabe.

Algunos abatidos por la vida piensan que cuando se abre la puerta del Evangelio en sus vidas todo va a ser fácil y no es así. Desafortunadamente para muchos, hay mucha doctrina de facilismo y prosperidad pululando por ahí.

Pero qué pasa cuando lo que decimos ser no coincide con lo que hacemos o con el gran Señor que representamos?. Es bueno recordar que no sólo los incrédulos irán a juicio, los creyentes también iremos a un tribunal, el de Cristo.

Que la vida apreciado lector, no se nos vaya en decir que somos unos, pero vivimos como otros Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad” (Lucas 13:26b,27)

REFLEXIÓN: Una cosa es decir y otra muy diferente ser en la carrera del creyente!

LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!

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jueves, 26 de febrero de 2026

IGUAL DE CRITICO

Cuando se vuela podemos reducir un estado de emergencia a uno de tres niveles de gravedad, que son incertidumbre, alerta y peligro. Esto de acuerdo a las normas internacionales establecidas por la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional).

Algo así pasa con otras ramas en el manejo de situaciones pre-catastróficas como los bomberos y las fuerzas establecidas para estos efectos. Pero hoy quisiéramos hablar y reflexionar sobre el nivel de urgencia del ciudadano promedio de siempre.

En la antigüedad y hablamos del tiempo de Jesús, los religiosos de la época se amparaban en tres pilares que hablan de la Ley, su parentesco con Abraham y la circuncisión. De esto se pegaban para creer que estaban por encima del bien y del mal.

De esto se valieron para atacar reiteradamente al Salvador y de paso mirar al resto del entorno (los gentiles), por encima del hombro. Estaban convencidos de que en su calidad de judíos tenían paso directo a la presencia de Dios.

Nada más lejano de la verdad, y menos cuando estaban rechazando al único que podía allanar esa separación entre Dios y el hombre. No obstó el hecho de ser el pueblo escogido de Dios en Abraham, y a la fecha están en la misma condición.

Pero para acercarnos a la idea que nos motiva hoy, y hacer claridad sobre lo que pasa en el mundo contemporáneo, sólo tenemos que mirar a la iglesia universal. A la Iglesia de Cristo que se ha venido formando a lo largo de veinte siglos y que sigue creciendo.

Pero así como crece, también se han venido suscitando otros procesos, que aunque bíblicos, no dejan de hacer daño al interior de esta. Por mucho tiempo de ha hablado de apostasía (alejamiento), y es algo muy palpable.

Al punto de ser un fiel reflejo de lo relatado para los judíos en tiempos de Cristo, el creyente promedio cree que porque ya recibió al Señor está por encima del bien y del mal. De lo peor tal vez, pero ser cristiano no se queda allí.

Escuchamos Palabra todos los domingos, algunos se reúnen entre semana, otros se discipulan, muchos hacen sus devocionales diarios y oran, otros hasta van al seminario, pero qué complicado nos les hace “obedecer”.

Tanta información encapsulada en un conocimiento intelectual, pero que no se hace vida. Tanto conocimiento que sólo nos hace más responsables delante de Dios Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22).

Es bueno sería aterrizar todo este conocimiento y convertirlo en vida. En casa, en el estudio o el trabajo, en las cosas que hacemos, decimos o pensamos cotidianamente. No sólo Santiago nos habla de esto en la Biblia, Romanos nos dice “…porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados” (Romanos 2:12, 13).

Estamos como creyentes, en un momento tan critico como aquel que vivían lo judíos, y sería bueno reflexionar sobre los cambios que se necesitan. Es bueno recordar, que los judíos de hoy, están tan perdidos sin Cristo como los gentiles; pero qué hay de los que nos llamamos cristianos.

REFLEXIÓN: Todo puede parecer bien, pero la situación es tan crítica como dos mil años atrás!

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martes, 24 de febrero de 2026

COMO UN PERRO

Hasta hace no mucho, los perros eran considerados un objeto más de la naturaleza. Algunos los apreciaban como compañía, otros los tenían como negocio, otros vivían para exponerlos y usufructuarlos y tristemente la mayoría los despreciaba y los temía por encontrarse vagando por las calles de las ciudades.

Esto para no mencionar otras facetas de la vida de los perros, y de las que salían tristes frases como “lo botaron como un perro” o tengo vida de perro, haciendo énfasis en lo despectivo del trato hacia estos pobres animales.

En la antigüedad se veían como un animal salvaje, se les perseguía al verse recogiendo basuras en las poblaciones y ser fuente eventual de contagios como la rabia y otras enfermedades.

Obviamente las cosas han cambiado, al punto de que los caninos hoy por hoy ya son parte de las familias. Ya la vida de perro no es la que llevaban anteriormente y hasta se llega al punto de tratarlos mejor que a los seres humanos.

En muchos hogares han pasado a reemplazar a los niños, y sin mucho respeto hacia los demás, sus propietarios dejan sus excrementos regados en las calles y parques robando el espacio para los pocos niños que los frecuentan.

Los valores se siguen viendo trastornados en todos los aspectos y este renglón de los caninos junto con los felinos y otras especies, se ha convertido en un negocio multimillonario, con profesionales a su disposición y un comercio abrumador que sobrepasa los límites razonables.

Han pasado de ser despreciados y perseguidos a puestos de privilegio en las casas; y esto nos sirve de marco para ilustrar guardadas las proporciones y respeto por la Palabra, sobre el abrupto cambio que hubo en la vida de un nieto de Saúl, el primer rey de Israel.

Se trata de Mefi-Boset, un hombre lisiado de los pies por un accidente durante su infancia y al que David quería buscar para ayudarle en su entrañable amistad con su amigo Jonatán. Para no ir tan lejos, lo encuentra y lo hace llevar delante suyo Entonces envió el rey David, y le trajo…Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo” (2 Samuel 9:5,6).

Lo que llama la atención, es cómo pasa de la casi indigencia a pesar de que la riqueza de su familia de la que había sido privado por sus sirvientes, a la excelencia “…le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa” (V:7).

Y cómo responde él frente a este ofrecimiento de gracia de parte de David “Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?” (V:8). No se considera digno de estar en la presencia del rey , y eso, precisamente eso es lo que hace Dios con nosotros al recogernos de la indigencia espiritual en que estamos.

Nos lleva y nos pone en la mesa del Rey ,pasamos a ser de Su familia, como uno de los suyos a través de Cristo. Dejamos de ser perros muertos a la vida!!

REFLEXIÓN: Pasar de ser unos perros de la calle al palacio del Dios Todo poderoso!

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jueves, 19 de febrero de 2026

CORAZÓN RECTO

Esto es algo que el hombre perdió desde El Edén y es bueno decir que la presencia o ausencia de este, es lo que determina nuestra relación con Dios. Una vez que se pecó en Edén contra del Señor, el hombre perdió la capacidad de hacer lo bueno.

El asunto ha llegado tan lejos, que hoy por hoy, todo se espera del ser humano menos lo bueno. Usted dirá, qué hay con un recién nacido?. La triste respuesta, es que ese pequeño no pasa de ser un incrédulo, del que aún sin estar en la edad de la responsabilidad, se puede esperar cualquier cosa.

No hace falta ir muy lejos, para ver que desde sus primeros días ya está mostrando su rebeldía, su condición de pecado. Sus padres en el mejor de los casos tratarán de inculcar buenos hábitos, pero su tendencia siempre será a hacer lo malo.

Esto me hace recordar las palabras de un corrupto, que mientras era juzgado por su robo, se amparaba en el hecho de que el mal es apenas una característica inherente al ser humano.

Por supuesto que decía la verdad, pero esto no le eximía de su responsabilidad, y simplemente lo usaba para justificar su comportamiento. Triste, pero esta en pocas palabras, es la realidad de una humanidad de más de ocho mil millones de personas.

Sólo algo así como el 10% de esta población, ha decidido cambiar su vida, y esto en la única persona que lo puede ofrecer: Cristo. Sabemos apreciado lector de su tal vez incapacidad de entender esta sencilla, pero definitiva verdad, y es ahí donde lo invitamos a buscarla.

Pero una vez que esto se da en la vida de las personas, hay una constante que hace permanecer o retraer ese fluir de una relación sana con el Dios proveedor de este cambio. El pecado sigue vivo en el que ha creído, pero ya no con el poder de cuando se ignoraba esta verdad.

La ficha resumen de todo esto, es que tenemos una nueva naturaleza y un nuevo Padre con Cristo, así las cosas, debemos vivir la nueva vida que se nos ha dado. Antes éramos hijos del diablo, éramos aquellos que mencionamos antes y que desde que nacimos no pensamos e hicimos más que el mal Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7).

Pero ya en nuestra edad de la responsabilidad, asumimos un nuevo roll que nos hará vivir delante de Dios por la eternidad. Es aquí donde sólo un corazón recto e integro puede mantener ese fluir, esa comunión con Dios y sus principios.

No pierda más tiempo apreciado lector de buscar ser encontrado por Cristo. Por el único que hace posible su cambio de vida en el hoy como en la eternidad venidera.

REFLEXIÓN: El cambio llegó por Cristo, pero la comunión se da por usted!

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martes, 17 de febrero de 2026

POBLACIONES

Cuando leemos la Biblia, nos encontramos con una serie de términos y especialmente en las de versiones antiguas, que nos hace preguntar a qué se refieren. Por estos días y pendiente de un estudio que se está realizando, el Señor me ponía uno bien particular.

Se trata de los grupos de personas o poblaciones que se registran en la Palabra y especialmente en el Nuevo Testamento. Tenemos muy claro el hecho de que el pueblo judío es uno apartado desde Abraham para ser Su elegido entre las naciones “Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra.” (Deuteronomio 14:2).

Posteriormente se habla del pueblo gentil, que implica todos los demás pueblos de la tierra diferentes a Israel. Dentro de estos, clasificamos a todos los que no somos decendencia de Abraham en la carne.

El verso anterior lo dice claramente, y es bueno entender, que somos de alguna manera descendencia de Abraham y no simplemente tomar partido por aquellos que muestran su antisemitismo Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.Génesis 12:2,3)

De hecho estamos viendo la bendición para los que bendigan a este pueblo y la maldición para los que procuran su mal. En un mundo tan convulsionado como el nuestro, es común ver a la gente tomando partido por los que los persiguen sin contemplar la palabra de Dios.

Pero regresando al tema que nos ocupa, seguimos hilando más delgado en cuanto a los grupos que hoy por hoy pueblan la tierra. Se trata claramente de tres y son dos que buscan de Dios y aquellos que le rechazan.

En el Antiguo Testamento se mencionan dos y se remiten a judíos y gentiles. La descendencia directa y en la sangre de Abraham y los gentiles como todos aquellos que para nada se acercan genéticamente a Él.

Ya en el Nuevo, nos encontramos el primero, el segundo y un tercero que es la Iglesia de Cristo. hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; …, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.(1 Corintios 10:31-33).

De entre ese pueblo gentil (incrédulo y no judío), se deriva un tercer grupo que acepta el plan de salvación de Dios en Su hijo Jesús, y por supuesto pasa a constituir la Iglesia Cristiana “…ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios”.

A pesar de que el Evangelio ha sido y sigue siendo difundido a todo el mundo, la Palabra hace una clarísima diferencia entre estos grupos y que determinará el futuro eterno de cada uno de estos.

REFLEXIÓN: Pertenecer a uno de estos es una decisión personal e intransferible!

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