Por siglos y especialmente a través de las religiones, se le ha vendido a sus seguidores imágenes que han optado por llamar santos y que ellos mismos diseñan. Otros los han tomado de las Escrituras, pero nadie sabe cómo eran ellos realmente.
La Biblia dice claramente que “A Dios nadie le vio jamás;…” (Juan 1: 18a), y para no sacar este verso de contexto, es bueno leer el siguiente, en donde se afirma que la única oportunidad en que hombres le vieron fue a través de Su hijo “…el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Juan 1:18b).
Lo conocieron muchos hombres de su tiempo comenzando por sus discípulos, pero al Padre no se le ha visto y menos a Su Espíritu. Conocieron y experimentaron Su presencia física; pero nadie le tomó un foto.
El Jesús que nos dieron a conocer por dibujos en el pasado, hablaba de un personaje claramente blanco y facciones anglosajonas. De ojos claros y rubio, pero resulta que como judío que era en la carne, podemos acudir a la descripción que se nos da de Abraham.
Un hombre de rasgos semitas, piel morena, cabello oscuro y una constitución fuerte por su trabajo nómada en el desierto. Nada que ver con lo que registran las pinturas, y de ahí el choque que recibimos hoy al ver sus series.
La última vez que lo vieron sus discípulos y algunas mujeres que le apoyaban, lo hicieron cuando era tomado de la tierra para ir al cielo, pero tampoco hay registro visual de esto. Alguna información que se trasladó de manera verbal por algunos años y nada más.
En estos tiempos de tecnología y de tanto tema visual que nos invade, es bueno reflexionar sobre esto y confiar en que lo que tenemos de Dios en su Palabra es suficiente. A Dios le conocemos por lo que dice la Biblia y eso nos debe bastar.
El trabajo de muchos artistas es digno de exaltar en lo que tiene que ver con sus técnicas y habilidad para pintar o dibujar rostros, pero a Cristo se le conoce en la Palabra. Sólo el que ha creído puede hacerse una idea bastante cercana de cómo es Él.
La Biblia lo describe como alguien en su misión redentora, su humildad, su poder, su carácter de siervo y otros muchos atributos, que a través del Espíritu Santo nos da una idea bastante clara de su personalidad.
Idea que no se debe quedar en un simple rezo, sino en la necesidad de imitarlo y cada vez parecernos más a Él. Él es el ejemplo perfecto a seguir, y la tarea es lograr por lo menos algo de lo que Él es en lo espiritual y no en la carne.
Por eso es que el Señor condena claramente la idolatría, en la idea de que los hombres no se peguen de una imagen, sino del Dios vivo. El que ha creído pintar a Jesús, es porque no lo conoce, sólo se lo imagina.
REFLEXIÓN: A quién conoce y sigue usted, a una imagen o al Dios vivo?
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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