A lo largo de la historia de la humanidad, se han dado decisiones que en general procuran el bienestar de los pueblos. Leyes que protegen a los niños, las mujeres, los adultos mayores y otras, pero no faltan las excepciones.
Obviamente no son la norma general, pero sí han sido de gobiernos autoritarios que en la búsqueda de llenar deseos egoístas han llegado al genocidio. Vemos como ejemplo relevante y relativamente cercano lo ocurrido durante la segunda guerra mundial con la persecución al pueblo judío.
Todos los días las noticias nos cuenta sobre lo que pasa en Asia y África en la actualidad, donde se hostiga, persigue y se extermina pueblos enteros sin que la comunidad internacional se pronuncie.
Tenemos ejemplos cercanos de pueblos en América Latina obligados al exilio por manos criminales y que tampoco deberían ser ignorados. Al fin y al cabo estos eventos van a repercutir en el resto del planeta.
Leyes o decretos de hombres impíos, pero para la reflexión que nos ocupa un “edicto”. Por uno de estos se condenó a todo un pueblo, pero por otro fue liberado. Hablamos del emitido por Amán, enemigo de los judíos en tiempos de Ester y firmado por el rey Asuero.
“Y fueron enviadas cartas por medio de correos a todas las provincias del rey, con la orden de destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un mismo día, … y de apoderarse de sus bienes” (Ester 3:13).
Todos, jóvenes, ancianos, niños y mujeres dice, y de esta misma forma se encuentra toda la humanidad en uno dado por Dios mismo “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Génesis 3:19).
Esta fue una condena de un alcance global y sobre toda la humanidad que todavía está vigente. Para judíos y gentiles. La de Asuero alcanzaba apenas un pueblo en ese entonces, pero desde la caída y hasta el fin de los tiempos el del Señor es para cada ser humano.
Cuando se supo el origen de la reina Ester, se promulgó otro que cancelaba el primero y de esta manera el pueblo judío se salvó de la exterminación. En el caso de Dios tenemos otro edicto que en razón del sacrificio de Cristo, salva a los que se acogen a este.
Es bueno entender, que este edicto ha sido entregado para toda la humanidad como lo veíamos en reflexión anterior, y lo único que obsta en esta salvación eterna ofrecida por Dios, es una decisión que nadie puede tomar por usted.
De cada uno de nosotros, depende que este edicto salvador en Cristo sea efectivo y no por un tiempo determinado aquí en la tierra, sino por toda la eternidad.
REFLEXIÓN: Así como una ley condena, otra puede salvar y este es el caso de Jesús!
LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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