jueves, 26 de febrero de 2026

IGUAL DE CRITICO

Cuando se vuela podemos reducir un estado de emergencia a uno de tres niveles de gravedad, que son incertidumbre, alerta y peligro. Esto de acuerdo a las normas internacionales establecidas por la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional).

Algo así pasa con otras ramas en el manejo de situaciones pre-catastróficas como los bomberos y las fuerzas establecidas para estos efectos. Pero hoy quisiéramos hablar y reflexionar sobre el nivel de urgencia del ciudadano promedio de siempre.

En la antigüedad y hablamos del tiempo de Jesús, los religiosos de la época se amparaban en tres pilares que hablan de la Ley, su parentesco con Abraham y la circuncisión. De esto se pegaban para creer que estaban por encima del bien y del mal.

De esto se valieron para atacar reiteradamente al Salvador y de paso mirar al resto del entorno (los gentiles), por encima del hombro. Estaban convencidos de que en su calidad de judíos tenían paso directo a la presencia de Dios.

Nada más lejano de la verdad, y menos cuando estaban rechazando al único que podía allanar esa separación entre Dios y el hombre. No obstó el hecho de ser el pueblo escogido de Dios en Abraham, y a la fecha están en la misma condición.

Pero para acercarnos a la idea que nos motiva hoy, y hacer claridad sobre lo que pasa en el mundo contemporáneo, sólo tenemos que mirar a la iglesia universal. A la Iglesia de Cristo que se ha venido formando a lo largo de veinte siglos y que sigue creciendo.

Pero así como crece, también se han venido suscitando otros procesos, que aunque bíblicos, no dejan de hacer daño al interior de esta. Por mucho tiempo de ha hablado de apostasía (alejamiento), y es algo muy palpable.

Al punto de ser un fiel reflejo de lo relatado para los judíos en tiempos de Cristo, el creyente promedio cree que porque ya recibió al Señor está por encima del bien y del mal. De lo peor tal vez, pero ser cristiano no se queda allí.

Escuchamos Palabra todos los domingos, algunos se reúnen entre semana, otros se discipulan, muchos hacen sus devocionales diarios y oran, otros hasta van al seminario, pero qué complicado nos les hace “obedecer”.

Tanta información encapsulada en un conocimiento intelectual, pero que no se hace vida. Tanto conocimiento que sólo nos hace más responsables delante de Dios Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22).

Es bueno sería aterrizar todo este conocimiento y convertirlo en vida. En casa, en el estudio o el trabajo, en las cosas que hacemos, decimos o pensamos cotidianamente. No sólo Santiago nos habla de esto en la Biblia, Romanos nos dice “…porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados” (Romanos 2:12, 13).

Estamos como creyentes, en un momento tan critico como aquel que vivían lo judíos, y sería bueno reflexionar sobre los cambios que se necesitan. Es bueno recordar, que los judíos de hoy, están tan perdidos sin Cristo como los gentiles; pero qué hay de los que nos llamamos cristianos.

REFLEXIÓN: Todo puede parecer bien, pero la situación es tan crítica como dos mil años atrás!

LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!

- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –

¡COMPARTIR PALABRA HACE LA DIFERENCIA!