sábado, 10 de enero de 2026

EL LLAMADO

Por estos tiempos en los que la medicina ha avanzado por el conocimiento que el mismo Dios le entrega al hombre por una parte, y por otra, porque esto también se ha convertido en un bien de consumo, es bueno preguntarse hasta dónde debemos ir.

La reflexión de hoy está orientada a tener la capacidad de discernimiento a la hora de enfrentar los últimos días de la vida. Como decimos, la salud para aquellos que tenemos acceso a esta, se ha establecido cómo uno de los negocios más rentables en muchas partes del mundo.

Esto para los países medianamente desarrollados o desarrollados, pero también existen comunidades y que constituyen la mayoría de los más de ocho mil millones que somos, que no tienen acceso a una aspirina.

Cualquiera de nosotros en edad adulta se puede encontrar en esta etapa en cualquier momento, no importa lo mucho o poco que tenga, y es bueno decir que los pobres ya tienen resuelto el problema al que nos vamos a referir.

Y es una ganancia dependiendo de la perspectiva desde la que se le vea. Su imposibilidad de acudir a tratamientos ya les tiene marcado un tiempo y casi un destino. Cosa que no pasa entre los pudientes.

Estos quieren prolongar sus días a toda costa, “doctor no importa lo que tenga que hacer, pero sálvelo” se escucha con frecuencia en las salas de urgencias o cuidados intensivos y sin contar con un verso como el sigue:

Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos(Salmos 90:10).

 

El Señor es muy claro en determinar un tiempo para cada persona y espera que así como aceptamos la vida, lo hagamos también con la muerte el día que nos llame. Cuando tratamos de prolongarla, nos exponemos a afrontar lo que dice la parte B del verso Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos”.

 

Entonces para qué tratar de ir en contra de la voluntad de Dios una vez más?. Ya bastante hemos pecado durante toda la vida, como para hacerlo una vez más al final de esta. Para esto cabe la posibilidad de aceptar lo que hay para uno, y sustraerse voluntariamente de cualquier tratamiento y hasta existen herramientas legales que le permiten al individuo determinar hasta dónde van a llegar los procedimientos médicos.

 

Cualquiera que sea el caso, es bueno, muy bueno tener en cuenta que el Dador de la vida es también quien la reclama; porque ésta sólo ha sido prestada como un medio transitorio para sacar adelante un propósito más importante que la misma vida física: La Salvación del alma.

 

REFLEXIÓN: La vida es algo controlado por Dios de principio a fin y no por el hombre!

 

LA REFLEXION ES PARTE DE LA VIDA!

- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –

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