Días atrás comentábamos en reflexión, que lo único que me impresiona y nos debería impresionar a todos, es el todo poder del Señor. Su poder, su presciencia, omnipresencia y omnisciencia entre otras de sus características.
El rey Salomón escribía en el libro de Eclesiastés, que nuestras metas como humanos deberían estar por encima del sol; en pocas palabras mirar a Dios y no a todo lo que hoy está y mañana no.
“Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol?” (Eclesiastés 2:22), nada más claro que esto; pero cuando este hombre se dedica a mirar únicamente lo que hay en la tierra, pierde.
Y lo pierde todo, porque lo que se tiene aquí, aquí se queda, y por si fuera poco perder el producto del esfuerzo de una vida entera, se pierde también de la eternidad con Dios. De ahí, la impajaritable necesidad de mirar al Creador.
Lo triste de todo esto, es que el Señor ya sabe el desenlace de todo. La necedad y triste ignorancia en la que está sumida la humanidad. Días atrás me veía en la necesidad de trasladar un carro en grúa para la casa.
Solicité el servicio y aunque no muy rápido, llegó; subimos el carro, me subí en la cabina del camión y arrancamos a nuestro destino. El conductor resultó un personaje muy simpático en principio, pero sumido en una total falta de conocimiento de Dios.
Religioso, pero en una ignorancia que según él, le permite cuestionar a Dios sobre el “por qué no aparece otra vez y arregla esto”. Por supuesto yo traté de absolver algunas de sus preguntas, pero era como hablarle al camión, ya para terminar el servicio, me dijo que tuviera cuidado con lo que sabía de Dios, poque me podía volver loco.
Y así vive la mayoría, considerándose en el derecho de increpar al Señor, pero sin saber que su misma condición, lo único que hace es condenarlos más y más. Por fortuna el Señor lo sabe todo, tiene la lectura perfecta de cada corazón y no ahora, sino desde el principio.
“…Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2:24,25); esto ha pasado desde la eternidad y será hasta la eternidad.
Dios conoce la totalidad de nuestros pensamientos, nada le es ajeno y muy poco o ningún problema va a tener cuando nos tenga frente a Él para juzgarnos por nuestra ignorancia, por lo que hicimos y sobre todo, por lo que dejamos de hacer.
“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3:18). No creer, va a ser un factor definitivo para los que viven en función de lo que pasa debajo del sol.
REFLEXIÓN: Dios lo sabe todo y la ignorancia, no será una excusa válida delante de Él!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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