viernes, 25 de septiembre de 2026

CREER Y CONFIAR

Muy frecuentemente escuchamos en el ministerio de seguimiento y consejería los testimonios de gente, que aún creyente se desanima frente a la falta de lealtad de alguien cercano.

En principio, se nos ha enseñado desde la casa paterna a no confiar en ningún desconocido, en nadie que se nos acerque en la calle. Estos son tiempos en los que para los que vivimos en las grandes ciudades, es un riesgo inclusive recibir ayuda.

Es de esperarse cualquier cosa en la calle y de cualquiera, es más, la gente anda tan predispuesta con su entorno, que cuando uno se acerca con voluntad de servicio lo rechazan.

Se debe ser muy cauteloso para aproximarse y lograrlo. De la calle vaya y venga, pero de la propia casa es algo que nos pone a pensar. La Biblia es muy clara al respecto sin esperar que construyamos un muro de aislamiento con los propios Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa.” (Miqueas 7:6).

Y no hay que ir muy lejos para constatarlo, al interior de algunas familias se cosen cosas inauditas. Y no se diga cuando alguna herencia hace estragos entre los que un día decían amarse.

Nada más palpable para probar el carácter de los miembros de una familia que un testamento. Sé de hijos que han desaparecido a su madre por unos cuantos pesos, y si eso hace uno con su progenitora, qué se puede esperar del resto?.

De hecho en casa se nos enseñaba al respecto con un dicho no muy conocido “No diga todo lo que sabe, ni gaste todo lo que tiene”; pensamiento de incrédulos, pero que refleja lo que se vive en el día a día.

Pero hay más “No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no abras tu boca.” (Miqueas 7:5), es una afirmación bastante fuerte y que descalifica hasta la persona con la que uno duerme.

Esto en la idea de que el Señor es el único que permanece fiel y todos, absolutamente todos somos proclives al pecado y en cualquier momento podemos fallar (pecar) contra nuestros más cercanos.  

Así las cosas, estos textos parecieran marginarnos de todo y de todos, pero a lo que apunta realmente, es a hacer entender que si vamos a confiar en alguien, que se en Dios mismo. Sólo el Señor merece nuestra confianza “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová” (Jeremías 17:7).

Es bueno decir, que en algún punto de la vida, debemos creerle a alguien; pero nunca perder de vista que el que tiene toda nuestra confianza es el Señor.

REFLEXIÓN: El que confía en hombres no será respaldado por Dios!

LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!

- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –

¡COMPARTIR PALABRA HACE LA DIFERENCIA!