jueves, 1 de octubre de 2026

LAS MISMAS

La humanidad entera se encuentra en una lucha permanente por diversas cosas; la comida, el trabajo, la salud física y todas las aristas propias del diario vivir. Por las necesidades básicas en la tierra, pero pocos se ocupan de las eternas.

Los incrédulos en el mejor de los casos recitan rezos preestablecidos por religiones y a veces con apartes tomados de la Biblia, pero al fin rezos. El creyente en su nueva condición sabe de primera mano a quien buscar, pero a veces lo olvida.

Ya en el segundo segmento, en el de los creyentes, cada vez que nos enfrentados a retos o pruebas de carácter físico y espiritual, recurrimos al Señor en busca de ayuda. Es una lástima que a veces lo hacemos sólo luego de haber agotado los recursos.

Le pedimos que nos dé soluciones, y ahora queremos ser específicos en la parte espiritual. Esto en razón de que por más que seamos cristianos, siempre tendremos luchas; pero son las mismas que tuvo el Señor Jesús en la tierra.

Hoy y luego de Su resurrección, Él es ese Hijo de Dios, victorioso; pero cuando estaba aquí, fue un ser humano como usted o yo “…porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Corintios 10:4). Y es ahí a donde vamos, las armas que Jesús utilizó como hombre, son las mismas que nosotros tenemos a nuestra disposición.

Cuando el diablo le tentaba en el desierto, Su respuesta siempre tuvo que ver con lo que dice en la Biblia “Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4), (4:6). (4:7), (4:10). Y si esto fue suficiente para él como hombre, así lo es y será para nosotros.

Como hombre y a pesar de ser el Hijo de Dios, Él no tuvo la guerra ganada hasta que se levantó de los muertos. No es consuelo de tontos decir que somos como Jesús y quedarnos allí derrotados.

Estamos habilitados para tener la victoria por un lado como creyentes y por otro lado, porque ya somos victoriosos en Cristo. No tenemos que luchar para lograrla, el Señor ya ganó esa victoria para los que le creemos y nada lo va a cambiar.

Así las cosas, no deberíamos presentarnos delante de Dios en oración como derrotados, a clamar por victoria sobre el pecado, la victoria ya está dada en cabeza de Cristo.

REFLEXIÓN: Cuando uno va a la fija como en este caso, que más puede pedir?

LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!

- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –

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