A todo esto, no olvide que dos personas que tienen gustos e intereses en común, pero que no comparten una relación con Jesucristo no son compatibles en el área que realmente importa.
Nada es más importante la búsqueda de alguien, que el hecho de que la otra persona tenga como meta principal en su vida ser de Cristo, ser un verdadero seguidor de Dios y no el de ser ingeniero, médico o incluso astronauta.
Y si esto no funciona en un encuentro personal, muchísimo menos tratar de hallarlo en un “Mach” de un sitio de citas por internet. Pueden compartir el gusto por las alturas o el mar, el helado de chocolate o una casa en la playa.
He visto personas de contextos, cultura y hasta idioma totalmente diferentes, pero con un solo propósito en la vida y es parecerse cada día más al Salvador. Gentes que dedican su vida a ser transformados de pobreza espiritual.
Hay gente y es la mayoría, que vive solamente del “hoy”, y sin pensar ligeramente en la eternidad. De la cirugía estética, le la imagen que sólo se logra en el gimnasio o tratando de arreglarse la sonrisa.
Un día se van a encontrar con que todas esas cirugías, ejercicio y tratamientos dentales se volvieron en contra de ellas y quedan más deformadas de lo que originalmente eran. Nada va allá de lo creado por Dios.
Pero regresando al tema, encontramos que hasta los mismos creyentes nos estrellamos en nuestras relaciones; que no importa si los dos buscamos a Dios, todavía no hemos dejado de ser personas imperfectas.
Llenos de luchas y defectos que no permiten que vivamos en la armonía esperada. Si esto es así, con dos cuyo propósito es agarrad al señor en cada cosa, cómo será cuando un creyente pone sus ojos en un religioso o un ateo.
El asunto es tan simple como complejo, pero el grado de complejidad lo imponemos nosotros cuando no tenemos en cuenta la palabra de Dios “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14).
Anteriormente hemos hablado de esto, lo encontramos en muchos artículos y lo más importante, en la Biblia; pero hasta donde queremos aceptarlo y sobre todo vivirlo. Siempre, tarde o temprano habremos de encontrarnos con la verdad.
Dios no quiere que choquemos con este tipo de situaciones y nos previene, pero normalmente somo nosotros mismos los que vamos hasta esa segunda instancia, la del sufrimiento para aprender por experiencia.
REFLEXIÓN: Cuántas veces quisiéramos pasar nuestro disco duro a nuestros hijos?
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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