Sólo anoche estábamos con unos buenos amigos “incrédulos” a cual más, y dentro de todas las cosas que se hablaron al calor de una deliciosa chimenea, se puede notar la clara diferencia entre ellos y nosotros como hijos de Dios.
No importa el tema que se trate, uno es el punto de vista de ellos y otro muy diferente el nuestro. Por ejemplo, no se explicaban según ellos, nuestra pasividad frente a los temas políticos.
La verdad es que para nada lo somos, oramos por nuestros gobernantes por malos que sean, acudimos al Señor por dirección para hacer lo que nos toca y simplemente confiamos en que el movimiento final será determinado por Dios, así no veamos Su propósito por lo pronto.
Y recordaba este verso que tengo marcado en el teléfono hace días “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1), y muy especialmente la parte B.
Lo que sí queda claro, es que como hijos de Dios debemos permanecer ahí, tratando de ser luz a todos aquellos que apreciamos y que aún no le conocen. No para acomodarnos al mundo, sino para tratar de revertir todos esos conceptos errados con Palabra.
A veces es desalentador, es frustrante sentir la impotencia de no lograr que ellos entiendan, pero también es de suma importancia, saber que el Señor es quien hace lo más importante de este trabajo.
En Su voluntad y en Su tiempo será o simplemente “no”. Todos estamos invitados a la Bodas de Cordero, pero no todos aceptaran la invitación. Es como cuando nos invitan a un paseo, unos dirán que si y otros que no.
El problema es que este paseo será el último que Dios ha determinado para cada ser humano, y de esa decisión saldrá el destino eterno de cada uno. Con o sin el Señor del universo.
Sin querer sacar esta parte B del contexto, es bueno recordar que nosotros apenas somos sombra de la presencia de Cristo en la tierra. Y si lo rechazaron a Él con toda Su sabiduría, y milagros, qué podemos esperar nosotros simples humanos.
Es cierto que estamos revestidos de una condición especial, pero que esto no sea motivo de expectativas sobredimensionadas. Es sólo estar ahí, en el campo misionero que Dios nos ha encomendado.
No tenemos que ir al otro lado del planeta para hacer la Gran Comisión, simplemente mirar nuestro entorno y entender la gran necesidad que les apremia a todos. Así como un día oraron por nosotros, debemos orar porque el Señor apareje el terreno para ellos.
REFLEXIÓN: Dios tiene en tiempo para cada uno, nosotros sólo debemos estar ahí!
LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
¡COMPARTIR PALABRA HACE LA DIFERENCIA!