No sabemos cuál sea su caso apreciado lector, no tenemos ni idea sobre sus expectativas en la vida, ni cuál sea su condición actual. De creyente o incrédulo, pero lo que si tenemos claro, es que siempre ha estado esperando algo en su vida.
Tal vez una oportunidad, un trabajo, una beca, un hijo, o un conyugue; recuperar su salud, una herencia o simplemente un día más de vida. Hay mucha gente que hoy no amaneció, o si lo hizo, no sabemos cómo, pudo hacerlo en un hospital o en la cárcel.
Lo cierto es que siempre esperamos algo de la vida o de alguien; pero hasta dónde hemos estado a la espera de lo realmente importante en la vida. Si usted muere ahora mismo, dónde cree que pasará la eternidad?.
Esto en el hipotético caso de que usted crea que hay una eternidad, por que conoce algo de Dios o porque ha leído la Biblia; dónde piensa que estará su destino?. Hubo alguien que esperó toda su vida por un evento que estaba por encima de cualquier sueño mundanal, “Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él” (Lucas 2:25).
No se trataba de cualquier cosa material, se trataba de una liberación espiritual y eso fue lo que vino a ofrecer Jesús. Él no vino con un gran ejercito a liberar a Israel del dominio del imperio romano.
De hecho el pueblo judío ya había tenido 400 años de silencio; sin profetas, escrituras o sueños; simplemente el Señor lo había puesto en “mute”, y lo podemos comprobar en el espacio de tiempo entre Malaquías y Mateo.
Por fin reaparece la esperanza, algo que les devolvía un futuro después de estar tanto tiempo sometidos. Sólo que no era como ellos lo habían soñado y por eso no la entendieron, ni la entienden hasta hoy.
Pero lo que sí hemos tenido el privilegio de hacerlo, y regresando a Simeón como base de nuestra reflexión, entendemos la dimensión de lo recibido. Veamos lo que sabía este hombre “Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor” (Lucas 2:26).
Suficiente como para esperar tranquilo verdad?. Pero ahora veamos lo que dijo luego de ver al niño Jesús “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu salvación, La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:29 – 32).
La verdad es que esto es lo que debemos y espera Dios que digamos cada uno de los que le hemos visto. Podemos estar confiados para que nos llame de este mundo en la única seguridad que existe en el universo “ Jesucristo”
REFLEXIÓN: Cuando vivamos y digamos lo que vivió y dijo Simeón viviremos con Dios por la eternidad!
LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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