De niños conocimos historias infantiles
y entre estas las de genios como el de Aladino y aunque esto no es para nada
bíblico, siempre nos encontrábamos con que los deseos del dueño de la lámpara,
no eran siempre los más indicados.
Hay deseos en el corazón del hombre y
que por supuesto quisiera cumplir, un mejor trabajo, una casa grande, un largo viaje
y otros que tienen que ver con servir a Dios. Desafortunadamente el corazón del
hombre no es de fiar “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién
lo conocerá?” (Jeremías 17:9).
Cuando Nehemías entristeció al saber
el estado de la ciudad de sus padres, y siendo parte de los privilegiados que
servían en la corte de la potencia de ese entonces, no vacilo en consultar a
Dios ante una pregunta del rey.
“Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos…” (Nehemías 2:4). Esto es lo que se
espera de cualquier hombre temeroso de Dios y más cuando estaba en juego algo
tan importante como la reconstrucción de Jerusalén. No era un simple deseo
mundano, sólo quería servir al Señor.
Dios mismo preparo las circunstancias
y puso en el corazón de un rey impío y despiadado como Artajerjes ayudar a su
siervo Nehemías. La reacción de él fue consultar primero a su Señor; nada puede
ser mejor que el consejo de Dios y confiar en sus propósitos; puede ser la
diferencia entre la vida y la muerte. De la muerte física, pues tenemos claro
que de la eterna Él tiene el control y aunque depende de nosotros recibirla o
no en Cristo, Dios siempre está por encima de todo.
Nehemías
era un hombre sabio y por esto el Señor lo llevó a ocupar este alto cargo.
Cuando el rey le preguntó lo que quería, Dios ya había trabajado en el corazón
de su interlocutor. Hasta la reina estaba presente y no objetó la decisión del
rey, cosa que hubiera podido suceder “…dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia
delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la
reedificaré. Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él):
¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después
que yo le señalé tiempo“(Nehemías 2:5,6).
Este
es un claro ejemplo para nosotros de cómo debemos proceder frente a cualquier
decisión en la vida. Decisiones de estudio, trabajo, matrimonio, salud y tantas
otras que en el día a día afectan nuestro futuro a corto y largo plazo.
Si
esto hemos de hacer para lo cotidiano, cuál será el camino a seguir cuando Dios
nos presenta el mensaje de Cristo. Aún como incrédulo, sería interesante buscar
la dirección de un Dios que siempre está pendiente del futuro de Su creación.
REFLEXIÓN: Las decisiones siempre
marcarán nuestro futuro!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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