Cada vez que nos encontramos con un desencanto, con una desilusión nos enfrentamos a lo mismo. Confiamos en la familia, en los amigos o en las cosas materiales como el dinero, las posesiones, los seguros y similares.
Tanto los intangibles como lo que podemos palpar hoy están, mañana quien sabe. Usted y yo, no sabemos que nos dejará el mañana, o si efectivamente terminaremos el día que vivimos.
Esto último es suficiente como para reflexionar, y de golpe entender que no tenemos el control de nada en nuestras propias vidas, mucho menos sobre la de los demás. El asunto es muy simple, pero el ciudadano de a pie no lo entiende.
A veces los mismos creyentes nos resistimos a entender estos principios básicos que nos enseña la Palabra y de los cuales debería depender cualquier relación “No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no abras tu boca” (Miqueas 7:5).
Mi papá diría en términos de sabiduría popular del mundo hace años para advertirme: No cuente todo lo que sabe, ni gaste todo lo que tiene, pero indudablemente la Palabra de Dios es más clara.
Sin despreciar al prójimo que está incluido de manera importante en el segundo Mandamiento, es bueno pensar en que todos somos carne y que por creyentes que seamos, nuestra tendencia a pecar es una constante.
Constante que nos habilita para fallarle a los demás en cualquier momento y viceversa. Obviamente debemos estar en guardia, evitar en lo posible esto con la ayuda del Señor; y para eso nos advierte, pero también nos da la soluciones.
Como seres humanos somos enteramente sociales y no podemos ni debemos sustraernos del contacto con el prójimo. Aislarse es otra forma de desobediencia y especialmente como cristianos.
Nuestra tarea debe centrarnos en compartir el Evangelio, si no como pastores o evangelistas, sí, como miembros fieles de la Iglesia de Cristo. Estar siempre preparados para la defensa de la Palabra y en lo posible sembrarla, que Dios se encarga del resto.
Entonces cabe preguntar en quién o en qué está puesta su confianza?. La Biblia nos dice “No confiéis en los príncipes, Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación….Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob,…” (Salmos 146:3 -7).
Es tiempo de evaluar con qué o con quién contamos para nuestra vida presente y para nuestro futuro eterno.
REFLEXIÓN: De Aquel en quien pongamos nuestra confianza depende nuestro futuro!
LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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