Ahora que tocamos puntos de alguna manera álgidos para la familia y de manera especial para los creyentes, queremos reafirmar como lo hemos hecho en el pasado, nuestro compromiso con la verdad bíblica.
A lo largo de años visitando congregaciones y trabajando con ministerios, tristemente nos hemos acostumbrado a la consabida frase “ahí está la puerta hermano”. Sitios en los que sin pena se habla de todo, menos lo que está en la Biblia y todavía se ponen bravos porque se les cuestiona.
Estos son tiempos en lo que la Iglesia brilla básicamente por dos extremos, el legalismo nada enseñado para el creyente y el liberalismo que se remite a decir lo básico y aplicado a la necesidad de la audiencia.
Lo cierto es que así estamos, y con suma preocupación vemos que versos como este se acercan o ya están vigentes “Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8).
Nada más cercano a lo que se ve en el camino del pueblo creyente; la incoherencia de vida entre del domingo y la del resto de la semana. La forma como vivimos y estamos enseñando a vivir a los nuevos creyentes.
Formas de vida tan alejadas de la realidad bíblica y que de ninguna manera cumplen con la Gran Comisión dejada por el Salvador. Testimonios tan pobres que no convierten a nadie, y ni siquiera exhortan a sus más cercanos.
El pulpito en general, está ocupado en gran parte por personas que sólo sobreviven al caos reinante, pero que a muy pocos o a nadie llaman al arrepentimiento. Y no estamos hablando mentiras o exagerando.
Esto es lo más complicado, que no estamos exagerando, sino que es la cruda realidad de una comunidad que ha pasado en muchos casos de una religión a otra, y por si no lo recuerda apreciado lector, no hay religión que salve.
Sólo Cristo y una vida acorde a la Palabra, que imite su santo vivir y que vino al mundo para salvarnos y para hacer lo que nadie más podía hacer. No un rito o una reunión en la que se hable palabra liviana o de hombres.
Pero como aquí no vivimos de ofrendas, diezmos o donaciones, sino de la voluntad de Dios y la Biblia, reflexión siempre tendrá palabra fresca y de exhortación aguda a la integridad y la santidad “Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre” (2 Juan 1:4)
REFLEXIÓN: La libertad de la verdad bíblica no debe estar sujeta a nada ni a nadie!
REFLEXIONAR ES INHERENTE AL SABIO!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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