Éste es un término con varias
acepciones y que implica “algo eventualmente alcanzable”, “el valor medio de
una probabilidad”, “un tiempo medio para determinar un el periodo de vida” y
hasta como un simple nombre personal.
El tema de hoy nos lleva a otras dos
de estas acepciones, que son parte del diccionario de la RAE, habla textualmente
y en términos simples de un “esperar con poco fundamento, que se conseguirá lo
deseado o pretendido” y que aplica en nuestro contexto de reflexión a la gente
del común, al incrédulo promedio que no tiene seguridad en lo que espera tanto
en ésta vida como para la eternidad.
La otra y que es de vigencia total para el Cristianismo, habla
de algo en lo que se basa el presente y futuro eterno el creyente por el
sacrificio de Cristo: “virtud teologal por la que se espera que Dios otorgue
los bienes que ha prometido”.
Dios
cumple lo que promete, Él no es hombre para que incumpla, mienta o se arrepienta
dice la Biblia; comprobado tanto bíblica como históricamente. Todas sus
promesas que fueron profecías hoy son historia “Dios
no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará?
Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19).
Ésta
última va más allá de cualquiera de las anteriores y es la que verdaderamente
debe interesarnos como parte de la Iglesia de Cristo y así lo expresa David “En Dios solamente está acallada mi alma; De él viene mi
salvación” (Salmos
62:1). Implica dos contextos totalmente diferentes y los separa por
una simple y a la vez compleja verdad.
Una verdad que Dios entrega como parte de la restauración
de la relación perdida con Su creación. La Biblia dice que Su deseo es que fuera
“con toda” esa creación; pero como en todo, una parte es fría y la otra
caliente, una alta y la otra baja.
El Señor ha hecho un llamado a toda la humanidad; ha
predestinado a absolutamente todos los seres humanos que han pasado, pasan y
pasarán por la tierra para ser salvos en Su Hijo “En
él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas
según el designio de su voluntad” (Efesios 1:11).
A pesar de ese llamado, unos aceptarán y otros no; por
muchas circunstancias se acercaran y por
otras tantas le rechazaran; pero que no se diga que Dios ha predestinado a sólo
unos pocos. Todos tenemos la oportunidad de escuchar de Cristo, otra cosa es
que lo aceptemos como la base de esa “esperanza” que hace la diferencia.
No la esperanza del mundo que es apenas un montón de
probabilidades; en Dios es algo más que
seguro “Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque
de él es mi esperanza” (Salmos 62:5); así como cuando anunció
la destrucción de Egipto y lo leemos con puntos y comas en (Éxodo 3:20).
REFLEXIÓN: El que espera, esperanza tiene; sólo depende
del objeto de su esperanza!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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