En alguna reflexión abordábamos la cercanía de Dios con el pueblo hebreo en
la antigüedad y con los gentiles en el presente. La verdad es que Él nunca se
ha alejado de los judíos, pero estamos en otra etapa, la de la Gracia de la
iglesia. Resaltamos el privilegio que como pueblo diferente al judío gozamos,
por que ni siquiera ellos lo tuvieron tan cerca y de forma permanente.
Siempre se comunicaron a través de profetas
o sacerdotes, pero una vez se dio la venida de Jesús de Nazaret presentando su
sacrificio perfecto en la cruz, empezamos a disfrutar de este privilegio.
Antes de morir lo dijo claramente a
sus discípulos, que Él tenía que irse para dar paso al plan del Padre. Que si
no se iba, no podría venir su Espíritu a estar con nosotros “…os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque
si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16: 7).
Cuando una persona recibe a Cristo
como su Señor y Salvador, viene a ser parte de familia de Dios y por ende el Espíritu
Santo entra a habitar en él o ella “¿No sabéis que
sois templo de Dios, y que el
Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16).
La Biblia muestra como es el Espíritu
de Dios mismo el que sigue con nosotros, implicando una cercanía total. Es un
estar en permanente contacto con Él y por supuesto con todas sus implicaciones.
Estar tan cerca de una persona,
significa que ésta conoce hasta los más íntimos secretos de nuestro corazón y
en esa medida también tendrá que sustraerse de nosotros cuando hacemos algo que
no es indicado.
A esto se le conoce como contristar al
Espíritu “Y no contristéis al Espíritu Santo de
Dios, con el cual fuisteis sellados…” (Efesios 4:30). Cuando pecamos Él
se aparta de nosotros e implica una
ruptura de nuestra comunión con Dios y es un asunto que percibimos
claramente en nuestra falta de paz interior.
Gracias a Dios por el gran privilegio
de tenerlo tan cerca, pero también debemos sentir temor y temblor por la
responsabilidad que esto implica; esto tiene que ver con todos y cada uno de
nuestros pensamientos, palabras y acciones del día a día.
A pesar de tener libertad para escoger
lo que pensamos, decimos o hacemos, es definitivo entender, que nuestra responsabilidad
en esta relación es total. Que es nuestra decisión tener una relación fluida
con Dios o no y que si Él no nos corta de su presencia, es por Él está siempre
dando una oportunidad de regresar al camino.
El pacto por Gracia sigue vigente,
pero tendremos que responder de forma
efectiva en el tribunal de Cristo, por todas aquellas veces que pisoteamos su
sangre para no salir avergonzados.
Que Dios nos ayude, pues si los judíos
(su pueblo), corrían peligro de morir al estar delante de Él, qué podemos
esperar nosotros al tener contacto
directo con su tres veces Santidad.
REFLEXIÓN: Estar lejos es delicado,
pero cuánto más es tenerlo habitando en nosotros!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
¡COMPARTA DE GRACIA, LO
QUE DE GRACIA RECIBE!
Síganos
en Twitter:
@ReflexionBi