Como seres humanos somos sumamente
complejos y muchas veces me pregunto cómo hace Dios para soportarnos. No lo
digo por usted apreciado lector, lo digo por mí pues las luchas que libro cada
día son muchas. Como a la mujer adúltera, el Señor me recibió y me dijo: “… Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y
no peques más” (Juan 8:11).
En otro verso le dice a Abraham: “… Yo soy el Dios Todopoderoso; anda
delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1). Nunca
me imaginé las implicaciones de estas palabras y lo difícil que es salir
adelante en el día a día con un buen reporte. Bien lo dijo mi buen hermano el
apóstol Pablo si es que puedo llamarme así en Romanos
7:24: “Miserable de mí, quién podrá librarme de este cuerpo de muerte”.
No sé si usted sabe que en tiempos del
apóstol, uno de los castigos además de la cárcel para aquel que mataba a
alguien, era el de cargar su muertico por varios días. Las implicaciones
personales, sociales y de higiene eran tremendas.
Primero enfrentarse a su grave error
por ese homicidio, segundo mostrarse a todo el mundo como un asesino y ser
repudiado, pero el más complicado tener, llevar a rastras y dormir con ese
cuerpo en descomposición.
Suena cruel, pero con todo respeto si
esto pasara en la actualidad y las leyes no fueran tan negociables, así no se
respetara al prójimo, por lo menos habría temor a un castigo tan grotesco y
denigrante.
Cuando peco en contra del Señor siento
la distancia del Espíritu Santo y esto ya es suficiente duro para mí. Se pierde
el gozo, la paz y esa posibilidad maravillosa que ofrece una relación fluida
con Dios.
Esta reflexión apreciado amigo, está
orientada a animarlo en la lucha diaria, a decirle que no es el único que la
tiene; pero no a decirle que se tranquilice por ser parte de un grupo de
pecadores aceptados por Dios.
El Señor nos ha recibido y es cierto
que nada de perfectos tenemos, cuando la gente incrédula nos mira esperando
mucho mas de nosotros, podemos decir que somos simplemente un grupo de
pecadores arrepentidos y en proceso de trasformación.
Esto no debe consolarnos y dejar que
nos durmamos en los laureles, es un reto a ser cada vez mejores y buscando la
santidad que Dios espera de nosotros. Nunca podremos estar a la altura de
Cristo, pero sí podemos buscar ser cambiados a ser vasos limpios en las manos
del Señor.
Dios no quiere gente impecable, eso no
existe; pero si espera de usted y de mi integridad. Esa limpieza de conciencia
que sólo nos da el obedecer sus mandamientos. No son consejos, son imperativos
que debemos sacar adelante si queremos estar con Él.
REFLEXIÓN: Cuando el Señor dijo
perfecto, no dijo impecabilidad, hablaba de integridad!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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