miércoles, 17 de octubre de 2018

NADA FÁCIL


Como seres humanos somos sumamente complejos y muchas veces me pregunto cómo hace Dios para soportarnos. No lo digo por usted apreciado lector, lo digo por mí pues las luchas que libro cada día son muchas. Como a la mujer adúltera, el Señor me recibió y me dijo: “… Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11).

En otro verso le dice a Abraham: “…  Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí yperfecto(Génesis 17:1). Nunca me imaginé las implicaciones de estas palabras y lo difícil que es salir adelante en el día a día con un buen reporte. Bien lo dijo mi buen hermano el apóstol Pablo si es que puedo llamarme así en Romanos 7:24: “Miserable de mí, quién podrá librarme de este cuerpo de muerte”.
No sé si usted sabe que en tiempos del apóstol, uno de los castigos además de la cárcel para aquel que mataba a alguien, era el de cargar su muertico por varios días. Las implicaciones personales, sociales y de higiene eran tremendas.
Primero enfrentarse a su grave error por ese homicidio, segundo mostrarse a todo el mundo como un asesino y ser repudiado, pero el más complicado tener, llevar a rastras y dormir con ese cuerpo en descomposición.
Suena cruel, pero con todo respeto si esto pasara en la actualidad y las leyes no fueran tan negociables, así no se respetara al prójimo, por lo menos habría temor a un castigo tan grotesco y denigrante.
Cuando peco en contra del Señor siento la distancia del Espíritu Santo y esto ya es suficiente duro para mí. Se pierde el gozo, la paz y esa posibilidad maravillosa que ofrece una relación fluida con Dios.
Esta reflexión apreciado amigo, está orientada a animarlo en la lucha diaria, a decirle que no es el único que la tiene; pero no a decirle que se tranquilice por ser parte de un grupo de pecadores aceptados por Dios.
El Señor nos ha recibido y es cierto que nada de perfectos tenemos, cuando la gente incrédula nos mira esperando mucho mas de nosotros, podemos decir que somos simplemente un grupo de pecadores arrepentidos y en proceso de trasformación.
Esto no debe consolarnos y dejar que nos durmamos en los laureles, es un reto a ser cada vez mejores y buscando la santidad que Dios espera de nosotros. Nunca podremos estar a la altura de Cristo, pero sí podemos buscar ser cambiados a ser vasos limpios en las manos del Señor.
Dios no quiere gente impecable, eso no existe; pero si espera de usted y de mi integridad. Esa limpieza de conciencia que sólo nos da el obedecer sus mandamientos. No son consejos, son imperativos que debemos sacar adelante si queremos estar con Él.
REFLEXIÓN: Cuando el Señor dijo perfecto, no dijo impecabilidad, hablaba de integridad!
 REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
¡COMPARTA DE GRACIA, LO QUE DE GRACIA RECIBE!
Síganos en Twitter:  @ReflexionBi