Como seres humanos y hablando de ese
maravilloso parecido que tenemos con Dios, nos encontramos con casos de la vida
real en que hemos querido dar la vida por alguien. Está el de aquel que dona un
órgano importante para su padre o esa madre que se ofrece en canje por su hijo
secuestrado.
Es una evidencia de ese algo que el
Creador nos ha dejado aun apartados de Él. Es algo que debemos valorar y que
nos debe confrontar con todo lo que Dios implica y lo que Él tiene para nuestro
futuro.
Como incrédulos o creyentes tenemos un
futuro eterno, pero cuál hemos de escoger. La Biblia dice que si no nos
decidimos por Cristo la elección ya está hecha “El que en él cree, no es condenado;
pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del
unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18).
Esta es una decisión que condena al hombre a una eternidad de perdición y sin Dios. Es una elección
que ya no puede ser cambiada luego de la muerte. Las implicaciones son
más que graves y definitivas para cada ser humano: “Esto no es un juego”.
Todos en algún
momento de la vida hablamos de tiempos difíciles y creemos ser los únicos que estamos pasando o pasamos por esto y en razón de que no vemos al de al lado,
que mientras nosotros estamos en una cama cómoda, éste ni siquiera tiene donde ponerla.
Regresando a ese
afortunado parecido, encontramos en la Palabra los
momentos de aflicción de Cristo con un solo propósito: USTED. Se ha recreado su
muerte en muchas películas y hay unas impactantes; tal vez el asunto haya
sido mucho más salvaje por las costumbres bárbaras de aquel entonces y ésto para
qué.
Para que a través de
esa aflicción de Jesús se obtuviera la bendición nuestra. No hay que escribir mucho
para explicar el fin del plan de salvación; qué haría usted si pendiente de un trasplante, su madre o su hijo en su afán de salvar o prologar
su vida se ofrecieran para donar sus órganos.
Cuál sería su
respuesta a ese desprendimiento de la vida misma. Se dan casos de
ingratitud o indiferencia hacia los donantes conocidos o no por parte de los receptores; pero
en ese orden de ideas cuál debe ser nuestra respuesta a la aflicción y entrega
de Cristo por nosotros.
Vamos a seguir
rechazando la donación más especial de la historia y de la que somos objeto; que no sólo prolonga la vida aquí, sino que nos lleva a la eternidad con Dios?.
Él perdona nuestro pecado del día a día cuando estamos cubiertos con la sangre de su Hijo; pero la Biblia dice que dura cosa es caer en las manos del Dios viviente.
Él perdona nuestro pecado del día a día cuando estamos cubiertos con la sangre de su Hijo; pero la Biblia dice que dura cosa es caer en las manos del Dios viviente.
REFLEXIÓN: Al rechazar la donación de Cristo, rechazamos la vida!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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