Haciendo memoria de nuestra infancia,
me encuentro con una serie de normas de conducta impartidas por los padres, que
hacían de nosotros en formación gente culta, respetuosa y otros calificativos
que hoy ya no caben en la sociedad.
Se nos instaba y de manera seria a no llamar
a alguien a gritos en la calle y menos por el nombre, a no comer por la calle o
señalar a algo o alguien con el dedo, a no masticar chicle mientras se sostenía
una conversación o en clase y a no tirar un papel o escupir en la calle.
La noche anterior estábamos en un
restaurante y en la mesa de al lado había una pareja de jóvenes de unos
veinticinco cumplidos. Un joven medianamente presentable dentro de los
parámetros de hoy y la joven una niña de bonita apariencia, pero con unas
maneras de dejan mucho que desear.
La expresión corporal y el lenguaje
soez le quitaban gracia a su apariencia, pero imagino que eso es lo que se
acepta hoy como normal. Muchos nos califican de retrógrados o anticuados y esto
mismo pasa con la palabra de Dios; ya nadie quiere ajustarse a ella con la
excusa de una mente amplia.
La misma religión se ha vuelto
permisiva y se encuentra gente en la misa masticando la goma de mascar o en los
templos la gente conversando trivia antes del servicio y sin el respeto que
merece el lugar o lo que van a hacer.
La inobservancia de las elementales
normas de comportamiento hace que este mundo se precipite al caos y hoy no
tenemos padres que forman, sino que se entrenan para obedecer a sus hijos; ni
el más mínimo parecido a los que Dios manda en la Biblia.
Todo con la excusa de una mente amplia
que es el perfecto reflejo de una conciencia angosta, “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y
espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por
ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la
hallan” (Mateo 7:13,14). En un lenguaje claro y sin tapujos vemos, que
cuanto más nos alejamos de Dios, más no acercamos al infierno.
Cada reflexión nuestra y el mensaje de los muchos que pululan por
diversos medios de comunicación cada día, hablan de lo mismo y en diferentes
términos, pero los quiere aplicar. Muchos los oyen, pero nadie escucha y ven
cada vez se endurecen más sus conciencias a la espera de lo que ya saben.
Un llamado apreciado lector, a ampliar
sus terrenos de la conciencia y reducir los de la llamada mente amplia que
lleva a la perdición.
REFLEXIÓN: La perdición es
inversamente proporcional a santidad!
REFLEXIÓN
QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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