Mucho se dice sobre la edad indicada
para compartirle a alguien de Dios y su mensaje de salvación en Cristo. Los
mayores suelen contestar que ya son muy viejos para cambiar de religión, los
adultos en edad productiva y en su carrera por sobresalir no tienen tiempo, y
los jóvenes argumentan que todavía hay mucho por delante para tomar una
decisión.
Para cada una de estas excusas como
siempre hay una respuesta en la Biblia en el verso de hoy; para los primeros: antes
de que ya nos haya esperanza, los segundos: antes de que se contaminen de mundo
y para los terceros no puede ser más claro: en la juventud.
“Acuérdate
de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y
lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento” (Eclesiastés 12:1).
Esto quiere decir, que es en la juventud el tiempo propicio para empezar y si
es el caso enderezar esa relación que permanecerá por la eternidad.
Pareciera dar piso al
argumento de los mayores, pero por otro lado encontramos que no importa la edad, siempre habrá un
tiempo aceptable y que sólo depende de nosotros. Dios nos llama a salir de las
costumbres y religiones, para refugiarnos en el único que nos puede salvar.
Cristo se muestra
como el camino, la verdad y la vida; qué más queremos de este peregrinar por el
mundo. La vida eterna es el propósito del hombre y está suficientemente
definido en la palabra de Dios como para no entenderlo.
El problema radica en
que todo lo queremos racionalizar y sin dar paso a lo más importante del plan
de salvación: La fe!. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a
Dios crea que le hay, y que es
galardonador de los que le buscan” (Hechos
11:6).
Nada más sencillo y a la vez
complicado de entender en cualquier tiempo, siempre habrá una excusa. El adulto
mayor cree haberlo visto todo y que lastima no haberlo escuchado antes, para el
adulto productivo siempre habrá algo antes por lograr y el jovencito en su
falta de conocimiento se ve en la necesidad de probar antes de decidir.
Lo cierto es que para Dios no hay un
antes o un después, el tiempo es ahora, es hoy y lo que de hoy salga, será lo
que defina el futuro eterno de cualquiera de estos tres estados “Porque dice: En tiempo
aceptable te he oído, Y en día
de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable;
he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).
La
misión que dejo el Señor Jesús es clara, compartir a todo el mundo no importa
la edad “…que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo” (2 Timoteo 4:2), dónde está usted?.
REFLEXIÓN: Cuando no hay decisión
tampoco hay un antes o un después!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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