martes, 2 de octubre de 2018

AHÍ ME VEO


El relato bíblico es tan humano y completo, que abarca todos escenarios posibles en la vida de una persona. No importa cuál sea su circunstancia, le aseguro que la suya también está incluida aquí. En sólo unos versos lo tenemos a usted y en todos definitivamente me identifico yo.
No sabemos su circunstancia, que tan paralizado espiritual o físicamente está o estuvo, lo cierto es que la historia de éste hombre nos dice que “…Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado” (Lucas 17:19), fue salvo.
Algo que siempre resalto y me lleva a tener cada vez más gratitud, es que de no haberme encontrado con Jesús estaría peor que el hombre del que sigue  “Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera “(Juan 11:43).
Por lo menos Lázaro ya había recibido al Salvador cuando murió, pero yo no “….el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1Corintios 2:14).
Existe una gran diferencia entre tener un corazón dispuesto y el no tenerlo; cuando nos resistimos a escuchar, el mensaje simplemente no llega y no porque no tenga la capacidad de hacerlo, sino por que Dios es respetuoso de su decisión “…Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció(Mateo 8:2,3).
Jesús no se quedó quieto, siempre estuvo buscando al pecador y lo hace a través de su iglesia hoy sanando cualquier tipo de enfermedad: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mateo 4:23).
Para el no hay un día especial para entregar la Salvación  “Entonces Jesús habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?” (Lucas 14:3); todos los días llega más y más gente a los pies de Cristo y está esperando por usted.
No sabemos si el Señor está esperando algún número específico para su iglesia, no obstante la Biblia habla de los llamados “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios” (Apocalipsis 19:9).

Lo que sí sabemos es que Él siempre está dispuesto a recibirlo sin mayor papeleo una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo” (Juan 9:25). Éste hombre sólo creyó sin importar su condición y cada uno de nosotros ha tenido algún impedimento; es por esto que en cada uno de estos relatos me veo yo.
Ciego, sordo, invalido, leproso, poseído o muerto; cualquiera de estas condiciones encajaba en mi vida y hoy puedo decir que por la Gracia de Dios y a través de su hijo Jesús, puedo ver, escuchar, caminar, ser limpio, libre y vivo. Gloria a Dios!
REFLEXIÓN: De estas y más nos rescata Dios si queremos recibirle!
REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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