El relato bíblico es tan humano y
completo, que abarca todos escenarios posibles en la vida de una persona. No
importa cuál sea su circunstancia, le aseguro que la suya también está incluida
aquí. En sólo unos versos lo tenemos a usted y en todos definitivamente me
identifico yo.
No sabemos su circunstancia, que tan
paralizado espiritual o físicamente está o estuvo, lo cierto es que la historia
de éste hombre nos dice que “…Y le
dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado” (Lucas
17:19), fue salvo.
Algo que siempre
resalto y me lleva a tener cada vez más gratitud, es que de no haberme
encontrado con Jesús estaría peor que el hombre del que sigue “Y habiendo dicho
esto, clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera “(Juan 11:43).
Por lo menos Lázaro
ya había recibido al Salvador cuando murió, pero yo no “….el hombre natural no
percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no
las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1Corintios 2:14).
Existe
una gran diferencia entre tener un corazón dispuesto y el no tenerlo; cuando
nos resistimos a escuchar, el mensaje simplemente no llega y no porque no tenga
la capacidad de hacerlo, sino por que Dios es respetuoso de su decisión “…Señor, si quieres, puedes limpiarme.
Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su
lepra desapareció“(Mateo
8:2,3).
Jesús
no se quedó quieto, siempre estuvo buscando al pecador y lo hace a través de su
iglesia hoy sanando cualquier tipo de enfermedad: “Y
recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando
el evangelio del reino, y sanando
toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mateo 4:23).
Para
el no hay un día especial para entregar la Salvación “Entonces Jesús habló a los intérpretes de la
ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?” (Lucas 14:3); todos los días
llega más y más gente a los pies de Cristo y está esperando por usted.
No
sabemos si el Señor está esperando algún número específico para su iglesia, no
obstante la Biblia habla de los llamados “Bienaventurados
los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios” (Apocalipsis 19:9).
Lo
que sí sabemos es que Él siempre está dispuesto a recibirlo sin mayor papeleo “una cosa sé, que habiendo yo sido
ciego, ahora veo” (Juan 9:25). Éste hombre sólo
creyó sin importar su condición y cada uno de nosotros ha tenido algún impedimento;
es por esto que en cada uno de estos relatos me veo yo.
Ciego, sordo, invalido, leproso, poseído o
muerto; cualquiera de estas condiciones encajaba en mi vida y hoy puedo decir
que por la Gracia de Dios y a través de su hijo Jesús, puedo ver, escuchar,
caminar, ser limpio, libre y vivo. Gloria a Dios!
REFLEXIÓN: De estas y más nos rescata Dios si
queremos recibirle!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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