Cuando se inicia un nuevo proyecto,
son muchas las ilusiones y expectativas que le rodean. Se hacen planes y muchas
veces se fantasea sobre lo que puede ser el producto y lo que se obtendrá
después de esta iniciativa.
Cuando se arranca el caminar con
Cristo ocurre algo similar, viene ese primer amor que nos ayuda a olvidar
muchas heridas, a sanar otras costras del pasado y dejar una serie de prácticas
que nos alejaban de Dios.
Luego viene el verdadero comienzo del
cambio que por razones obvias se impone como algo imperativo para el futuro y
con éste el rechazo y sustraerse de muchas cosas que no encajan con la vida del
nuevo creyente.
Es ahí cuando no importando lo que
ocurra, se hace necesario fijar más aún la mirada en Jesús. La Biblia dice “Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece” (Filipenses 4:13); y por real que sea
esto para el creyente establecido, una vez que se ha enfriado ese primer amor
que todo lo logra, vienen etapas de desaliento.
Que difícil es
mantenerse frente a éste mundo corrompido, que ha convertido todo lo malo en
una forma de vida y que se ajusta a otro aparte bíblico que dice que a lo bueno
se le llamará malo y viceversa.
No es fácil competir
en un mundo en el que todo es válido para lograr los propósitos; una humanidad
determinada a obtener sus propósitos no importa a cuántos se atropelle. La
situación es tan complicada, que todo lo que se hace es anti bíblico.
Es ahí donde se
requiere el uso de la armadura de Dios representada en su Palabra “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del
diablo” (Efesios 6:11). Nada más eficiente y con un poder transformador de corazones y
circunstancias que sus promesas.
No es necesario que
Él abra el mar, que saque agua de una
roca o destruya un ejército de miles que acampa en contra nuestra; lo
vemos de manera cotidiana en el trabajo, en el estudio o en casa.
A lo largo de estos
años he aprendido y para la Gloria de Dios, que para Él es más fácil destruir
ese ejército que cambiar un corazón en nuestra contra; pero que en cualquiera
de los dos casos, Él tiene el todo el poder.
Cualquiera sea su
caso apreciado lector, le invito a “mantenerse” firme donde Dios lo tiene “Antes si aflige, también se compadece según la
multitud de sus misericordias” (Lamentaciones
3:32).
REFLEXIÓN: Aquel que
se mantiene firme sólo demuestra el tamaño de su fe!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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