Cuando
el hombre habla de su edad, de lo vivido y lo que vendrá, tal vez se acerque un
poco a la verdad en lo pasado; pero no a lo presente y menos al futuro “Ciertamente
sus días están determinados, Y el número de sus meses está cerca de ti; Le
pusiste límites, de los cuales no pasará” (Job14:5).
Es
interesante escuchar al anciano compartiendo las experiencias de su juventud y
vida; esto es algo que enriquece al que escucha y le ministra de manera
especial al encontrarse con muchas cosas ya olvidadas, que positivas o
negativas lo hicieron crecer para bien o para mal.
Especialmente
agradable es escuchar testimonios de hombres, que han llegado a los pies de
Cristo desde la incredulidad y que a partir de ahí han visto trasformadas cada
una de sus metas a corto plazo y en una verdadera esperanza para la eternidad.
Otra
cosa es ver al hombre del común que planea sin saber siquiera si habrá de
terminar el día. Vemos en el verso de hoy cómo Dios mismo se ha encargado de
determinar el número de nuestros días y cómo ha venido a lo largo de la
historia poniendo límite a la vida del hombre.
Los
primeros seres humanos vivieron no los setenta años promedio de hoy;
encontramos cómo Matusalén vivió novecientos sesenta y nueve años, Adán
novecientos y otros más.
Puede
sonar utópico y más cuando ignoramos casi la totalidad de lo que relata la Biblia;
pero Dios no miente y es simplemente que Él en su deseo de no contender con la
condición caída del ser humano, ha venido recortando su estadía en la tierra.
Es
de vital importancia no caer en la arrogancia de aquellos que simplemente hacen
planes sin contar con Él. Que toman una hipoteca a treinta años para decir que
tienen algo, y no saben si ese ignorado Creador que gobierna sus vidas les
permitirá terminar los pagos “cuando no sabéis lo
que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que
se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” (Santiago 4:14)
El
día de hoy se puede describir con detalles, el de ayer con alguna precisión;
pero no podemos hablar de lo que traerá la hora o el minuto entrante. Ser
conscientes de nuestra limitada capacidad en todo sentido, nos hace más sabios,
humildes y entender la infinita necesidad de Aquel que nos creó. Nos lleva a
entregarle cada segundo de nuestra vida y buscar ser de olor fragante para Él.
Todo
el tiempo vemos desaparecer a aquellos que un día pretendieron vivir sin su
aprobación, sin su consejo, sobre todo sin su salvación en Cristo y es triste
ver como cada día van al abismo millones que podrían estar en el cielo.
REFLEXIÓN:
Los años pueden ser horas o minutos sin Dios!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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