Cuando algo no se hace o no cumplimos
siempre hay una triste herramienta disponible para salir del paso. Es tal vez
la más frecuente y está muy ligada a algo que Dios aborrece: La mentira.
El tema que nos ocupa y sin ir más
allá, nos hace ver que para todo las hay; las encontramos en casa, en el
estudio, en el trabajo y aún en la misma iglesia. Cuando abordamos a alguien
para compartirle de Cristo es muy común que se tenga una o varias de estas.
Lo
complicado del tema, es que la Biblia nos dice muy claro que no hay excusa para
perderse de una salvación tan valiosa “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, ….. Porque las
cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles
desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas,
de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron
como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos,
y su necio corazón fue entenebrecido“(Romanos 1:19-21).
Esto
quiere decir que tarde o temprano seremos confrontados por Dios mismo y que ni
siquiera la ignorancia podrá librarnos del castigo. Son muchas las formas como
el Señor nos habla y soy un claro ejemplo de esto. Cuando era niño en mi
calidad de pequeño religioso y seguidor del ejemplo de mis padres, tuve alguien
cerca que hablaba del Salvador.
Era nuestro odontólogo que nos compartía
de la importancia de recibirlo; nos obsequiaba tratados, música y otras
herramientas que subestimamos por años. Recuerdo un disco de acetato de larga
duración, que dejaba escuchar la cálida música de un trio cristiano.
Sus letras al igual que la Biblia ministran
y estoy seguro que desde allí, el Señor estaba trabajando en mi corazón; sólo
que tuvieron que pasar casi treinta años para entender el mensaje y recibirlo.
Fueron muchas y complicadas las circunstancias
que Dios usó para llevarme a una situación en la que a solas me llamó. Hoy y
luego de otros tantos agradezco infinitamente al Señor, haber utilizado a ese
varón para que un día esa semilla germinara en mi madre y en mí.
Hoy mi gran reto de la mano del
Espíritu Santo, es trabajar para que esa semilla crezca al mayor porcentaje
posible. Que no me quede en el treinta o sesenta; sin que en lo posible llegue
al cien por ciento.
Gracias doy a Dios por haber insistido y removido mis escusas, que me hubieran apartado de lograr el propósito de Dios para
mi vida en esta tierra. Sé que pasaron muchos años; pero lo que también sé, que
Dios siempre estuvo ahí, dando una y otra oportunidad para salvarme.
Si el hombre del común dimensionara el
infinito valor de ese llamado, seguro estoy que no encontraría excusa para
aplazar esta decisión. Tal vez el próximo llamado que usted reciba sea el último,
usted no sabe si ese sea su último día de vida.
REFLEXIÓN: Una simple excusa lo puede
perder por la eternidad!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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