En el mundo hay que trabajar, no sólo
como producto de la caída de Adán “Con el sudor de tu
rostro comerás el pan hasta que
vuelvas a la tierra” (Génesis 3:19), sino por que en el Nuevo Testamento
también nos dice que el que no trabaje que no coma.
Para éste efecto en el pasado la
principal fuente de sustento se originaba en los campos y aunque hoy sin la
intervención del agro no habría comida para el planeta, los grandes centros
urbanos albergan a la mayor cantidad de la población y por consiguiente es allí
donde se concentran las fuentes de trabajo.
Para competir frente a esto hay que
prepararse y tratar de entrar en un mundo altamente competitivo, no en razón de
los conocimientos; sino por que todo el mundo está tratando de hacer lo mismo:
sobrevivir.
Desde el trabajo más elemental como
cargar piedras hasta el más especializado hay que enfrentar competencia para
lograrlo. Se deben surtir una serie de requisitos como la experiencia,
capacitación, referencias personales y laborales, etc.
La reflexión
de hoy nos lleva a diferenciar entre estos requisitos del mundo laboral y
aquellos que necesitamos frente al servicio a Dios. Solamente para llegar a ser
uno de sus hijos, necesitamos un corazón dispuesto y hacer uso de la fe que Él
nos entrega en su Hijo Jesús.
Pero cuando recibimos el llamado al
servicio en la Obra, tenemos un paso ganado y es que recibir ese llamado
implica de hecho una aprobación del Señor. Decimos que ganado, pues esto no es
algo que viene de nosotros, sino de Dios mismo. Hay muchos que tratan de servir
en sus propias fuerzas y vemos los resultados.
Cuando el Señor llama no pide la
experiencia, capacitación o referencias laborales y personales que mencionamos
antes; Dios lo conoce a usted. Cree usted que el Creador de la vida, el
universo y los trabajos precisa de un
folder lleno de papeles para saber del candidato y que a veces es falso?
Por supuesto que no, Él y como lo dijo
Pedro al Señor Jesucristo “Le dijo la tercera vez:
Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? …y le respondió: Señor, tú lo sabes todo…Apacienta
mis ovejas.” (Juan 21:17). El hecho de que le preguntara lo mismo en
tres ocasiones, nunca quiere decir que no lo sabía.
O piensa que puede haber mejor capacitación,
experiencia o referencia de las que Él mismo puede dar. En el caso de Dios y Su
llamado, no siempre llama a los que más cartones tienen llámese seminario,
instituto bíblico o similar; Él llama al idóneo y si hay que formarlo, Él es el
mejor Maestro.
REFLEXIÓN: No hay referencia que pueda igualar el conocimiento de Dios tiene
de usted!
REFLEXIONE Y DECIDA!
- REFLEXIÓN BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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