Cuando se habla de madurez, no
necesariamente se habla de años y es por eso que encontramos jóvenes que
parecen ancianos y ancianos que parecen no sólo jóvenes; sino niños. En los
tiempos bíblicos, se hablaba de la importancia de acudir a los ancianos;
hombres curtidos, experimentados, sabios y sobre todo sensibles a la voluntad
de Dios, para acompañar en las grandes
decisiones a personajes y la nación.
Hoy
y con respeto queremos ver qué tan llenas están las guarderías de la iglesias.
Gracias a Dios por los bebes que un día pasaran a ser los jóvenes y adultos que
sirvan en la Obra. Pero cuando hablamos de la guardería, nos referimos a la
cantidad de bebés espirituales que habiendo recibido la salvación años atrás,
siguen pidiendo el biberón de la leche espiritual “No son los sabios los de mucha edad, Ni los ancianos
entienden el derecho” (Job 32:9).
Se han acomodado al Evangelio de tal
manera, que ni aún las palabras de Pablo les exhortan.
“Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de
que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras
de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido” (Hebreos 5:12). Conceptos como saberse salvos, les
son suficientes para conformarse y ser
como la calabaza hueca de corta vida y no un roble curtido para muchos
años.
El roble pasa por un interesante proceso
en su formación y maduración, mientras que la calabaza tiene apenas unas
semanas de vida y en la que cualquier plaga puede entrar. Éste proceso hace que
se constituya en un árbol robusto y de una dureza poco encontrada entre los
maderables.
Debería haber conciencia de que la
vida cristiana no se remite a un breve lapso de tiempo como la calabaza y que
por el contrario tiene una proyección de carácter eterno. Cuando se llega a los
pies de Cristo, es apenas el principio de un proceso que requiere entrega y
compromiso si se quiere crecer.
No sólo devorar biblia y material afín
para convertirse en un religioso o un teólogo, se trata de ir de la mano del
Espíritu para hacer que ese conocimiento adquirido, se convierta en un
testimonio viviente.
Es revelar no sólo el anciano externo;
sino el que se ha logrado por dentro lleno de la sabiduría y conocimiento de
Dios para ponerlos al servicio Su servicio, y no a aquellos inconformes que
sólo se quejan en el servicio por que el
sonido del templo está muy alto o muy bajo.
REFLEXIÓN: Limitarse al ser calabaza
equivale a recibir el llamado y no aceptarlo!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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