martes, 1 de mayo de 2018

ROBLE O CALABAZA



Cuando se habla de madurez, no necesariamente se habla de años y es por eso que encontramos jóvenes que parecen ancianos y ancianos que parecen no sólo jóvenes; sino niños. En los tiempos bíblicos, se hablaba de la importancia de acudir a los ancianos; hombres curtidos, experimentados, sabios y sobre todo sensibles a la voluntad de Dios, para  acompañar en las grandes decisiones a  personajes y la nación.

Hoy y con respeto queremos ver qué tan llenas están las guarderías de la iglesias. Gracias a Dios por los bebes que un día pasaran a ser los jóvenes y adultos que sirvan en la Obra. Pero cuando hablamos de la guardería, nos referimos a la cantidad de bebés espirituales que habiendo recibido la salvación años atrás, siguen pidiendo el biberón de la leche espiritual “No son los sabios los de mucha edad, Ni los ancianos entienden el derecho” (Job 32:9).

Se han acomodado al Evangelio de tal manera, que ni aún las palabras de Pablo les exhortan. “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido” (Hebreos 5:12). Conceptos como saberse salvos, les son suficientes para conformarse y ser  como la calabaza hueca de corta vida y no un roble curtido para muchos años.

El roble pasa por un interesante proceso en su formación y maduración, mientras que la calabaza tiene apenas unas semanas de vida y en la que cualquier plaga puede entrar. Éste proceso hace que se constituya en un árbol robusto y de una dureza poco encontrada entre los maderables.

Debería haber conciencia de que la vida cristiana no se remite a un breve lapso de tiempo como la calabaza y que por el contrario tiene una proyección de carácter eterno. Cuando se llega a los pies de Cristo, es apenas el principio de un proceso que requiere entrega y compromiso si se quiere crecer.

No sólo devorar biblia y material afín para convertirse en un religioso o un teólogo, se trata de ir de la mano del Espíritu para hacer que ese conocimiento adquirido, se convierta en un testimonio viviente.

Es revelar no sólo el anciano externo; sino el que se ha logrado por dentro lleno de la sabiduría y conocimiento de Dios para ponerlos al servicio Su servicio, y no a aquellos inconformes que sólo se quejan en el servicio  por que el sonido del templo está muy alto o muy bajo.

REFLEXIÓN: Limitarse al ser calabaza equivale a recibir el llamado y no aceptarlo!

REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!

- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –

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