Cada día tenemos la oportunidad de vivir
las experiencias del ser humano y no importando cómo las recibamos, están
íntimamente relacionadas con lo que Dios espera de nosotros. Tal vez Sus mandamientos
parecen lejanos, poco prácticos para hoy; pero la verdad es que tienen plena
vigencia.
La vida está cargada de experiencias
individuales y colectivas en las que entran en juego todos y cada uno de estos.
Desde el primero hasta el último y ayer apenas tenía la oportunidad de ver las
dos caras de la moneda en uno de ellos.
El primero y más importante tiene que
ver con amar a Dios con todo los que somos. Alma, cuerpo y espíritu provistas
para nosotros por Él y en ese orden de ideas cómo no tenerlo en el primer
lugar.
En cuestión de unos pocos minutos tuve
hoy la oportunidad de experimentar el segundo de estos Amarás
al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y
con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas
10:27).
Estando en un almacén y al dar un paso hacia atrás empuje
involuntariamente a un señor. Mi reacción fue la de brindarle inmediatamente
mis excusas a lo que él con especial gentileza respondió queriendo adjudicarse
la culpa por estar mal ubicado.
Fue un lindo tiempo de amabilidad
mutua y la posibilidad de cuidar de nuestro prójimo a pesar del mundo de
agresividad que nos rodea. La verdad fue un refrescante compartir con este caballero
hasta despedirnos cada uno por su lado.
Pasados apenas unos minutos me
desplazaba en el carro a través de un barrio residencial y a pesar de tener la
vía un taxi se voló el pare, estuvo a punto de chocarme; pero no contento con
esto, el conductor salió a gritarme improperios y hacer señas obscenas.
En la carne y soy franco no me
faltaron los deseos de responder a esta acción. Por fortuna vino a mí esa
Palabra que dice, que Dios mismo se encarga de estas situaciones. Seguí mi
camino no sin reflexionar en la
triste condición de un personaje de estos.
Si supiera que está infringiendo el
segundo mandamiento más importante de Dios y de las implicaciones de atentar
contra el prójimo sería diferente. El Señor dice que con sólo maldecir al
prójimo estamos cometiendo un homicidio en nuestro corazón. Es mucha la desgracia
que se trae sobre uno, cuando se desobedece a Dios y mucha la bendición en lo
contrario.
Fue muy especial compartir con un
desconocido prójimo, un tiempo de cuidado y cariño mutuo; así como triste la
agresión de otro desconocido y también prójimo; gracias a Dios por el primero y
nuestra oración por el segundo.
REFLEXIÓN: Nuestro cuidado y oración no
sólo debe darse por el que nos trata bien!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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