A lo largo del relato bíblico
encontramos muchas referencias sobre el fuego y aunque se le muestra como un
instrumento de Dios, prevalece en diversos contextos como un elemento
purificador. Con este se quemaban las ofrendas en los sacrificios o se cocían los
alimentos ante la prohibición de no ingerirse crudos entre otros.
Días atrás hablamos de Daniel, cuando
fue arrojado con sus amigos al fuego por no inclinarse ante los ídolos de
Babilonia. En éste caso dice la escritura, que cuando fueron arrojados iban
atados con cuerdas “Y estos tres
varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego
ardiendo“(Daniel 3:23). Hoy queremos resaltar que cuando uno
enfrenta algún tratamiento de parte de Dios va en las mismas condiciones.
Todos los creyentes tenemos algún tipo
de tratamiento de parte de Dios con el fin de crecer; Él quiere librarnos de
algún tipo de atadura emocional, física, económica o espiritual, que nos impide
ver el problema, superarlo y buscar la voluntad de Dios.
Lo
único que perdieron estos hombres fueron las ataduras que llevaban; nada más
les pasó e independientemente de todos
los cuidados de Dios para ellos, es de esperarse que nosotros también salgamos
así de cada proceso “el rey
Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su
consejo: ¿No echaron a tres varones atados
dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He
aquí yo veo cuatro varones sueltos, que
se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño…” (Daniel
3:24,25).
Por otro lado, del mundo se traen hábitos
de mentira, borrachera, droga, sexo, egoísmo, falta de perdón y otras. Son
tantas y tan variadas esas formas de pecado, que deben ser quitadas y nada
mejor que el fuego para removerlas así como se trata el oro de sus impurezas.
Cómo pretender ser un vaso útil para Dios
cuando se miente o se odia; parece lógico, pero pasa. El hijo de Dios debe ser
trasformado y aunque este trabajo que no se logra sin el Espíritu Santo, debe
existir un compromiso serio para lograrlo.
El Espíritu hace su trabajo, lo
prometió y ahí está para cada creyente; otra cosa es que éste no quiera
cambiar. Cada uno tiene su lucha, grande o pequeña; pero existe y es nuestra
responsabilidad lograr resultados.
Que el regreso de Cristo no nos
encuentre durmiendo en los laureles de una salvación otorgada por Gracia, o seremos
como aquel siervo que recibió un denario de su señor y lo enterró.
REFLEXIÓN: Las ataduras impiden una relación fluida con Dios!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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QUE DE GRACIA RECIBE!
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