martes, 17 de abril de 2018

FUEGO LIMPIADOR


A lo largo del relato bíblico encontramos muchas referencias sobre el fuego y aunque se le muestra como un instrumento de Dios, prevalece en diversos contextos como un elemento purificador. Con este se quemaban las ofrendas en los sacrificios o se cocían los alimentos ante la prohibición de no ingerirse crudos entre otros.
Días atrás hablamos de Daniel, cuando fue arrojado con sus amigos al fuego por no inclinarse ante los ídolos de Babilonia. En éste caso dice la escritura, que cuando fueron arrojados iban atados con cuerdas “Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo“(Daniel 3:23). Hoy queremos resaltar que cuando uno enfrenta algún tratamiento de parte de Dios va en las mismas condiciones.
Todos los creyentes tenemos algún tipo de tratamiento de parte de Dios con el fin de crecer; Él quiere librarnos de algún tipo de atadura emocional, física, económica o espiritual, que nos impide ver el problema, superarlo y buscar la voluntad de Dios.
Lo único que perdieron estos hombres fueron las ataduras que llevaban; nada más les pasó e independientemente  de todos los cuidados de Dios para ellos, es de esperarse que nosotros también salgamos así de cada proceso “el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño…” (Daniel 3:24,25).

Por otro lado, del mundo se traen hábitos de mentira, borrachera, droga, sexo, egoísmo, falta de perdón y otras. Son tantas y tan variadas esas formas de pecado, que deben ser quitadas y nada mejor que el fuego para removerlas así como se trata el oro de sus impurezas.
Cómo pretender ser un vaso útil para Dios cuando se miente o se odia; parece lógico, pero pasa. El hijo de Dios debe ser trasformado y aunque este trabajo que no se logra sin el Espíritu Santo, debe existir un compromiso serio para lograrlo.
El Espíritu hace su trabajo, lo prometió y ahí está para cada creyente; otra cosa es que éste no quiera cambiar. Cada uno tiene su lucha, grande o pequeña; pero existe y es nuestra responsabilidad lograr resultados.
Que el regreso de Cristo no nos encuentre durmiendo en los laureles de una salvación otorgada por Gracia, o seremos como aquel siervo que recibió un denario de su señor y lo enterró.
REFLEXIÓN: Las ataduras impiden una relación fluida con Dios!
REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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