Puede ser que la iglesia nunca
reconozca el trabajo que usted hace para el Señor. Tal vez usted sea un Tola,
un Ibzán, o un Elón que no volvieron a ser mencionados. ¡No se desanime!, Dios
lleva muy bien las cuentas y recompensará su fiel servicio. Lo importante no es
que los demás vean lo que hace; cuenta servir con el único propósito de agradar
al Señor.
Esta es sólo una parte del proceso de anticultura que debemos ejercer los creyentes
para los creyentes y por supuesto para los incrédulos que nos rodean. En el mundo
el reconocimiento es muy importante o esperado; muy pocos trabajan por el sólo
placer de hacerlo.
Trabajar para el Señor refleja la fe
que tenemos en la Obra salvadora de Cristo; esa fe no depende de nuestras
emociones. Gedeón tuvo miedo en su llamado “…Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? …y yo el menor en la
casa de mi padre.” (Jueces 6:15).
Tampoco depende de si comprendemos la
situación, al fin y al cabo Dios no piensa de la misma manera que nosotros y es
imposible entender sus propósitos. La fe cree lo que no ha visto aún y hace lo que Dios dice en su Palabra.
Usted no sólo le desagrada cuando va sin
contar con ella “Sin fe es
imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea
que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”(Hebreos 11:6); sino que le ofende “…todo lo que
no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14:23).
Si esperarnos hasta a contar con una
fe perfecta, nunca lograremos hacer mucho para el Señor. Él honra inclusive una
fe débil, trabaja en ella y la fortalece. La ejercita como se hace con los músculos,
cuanto más se trabajan más se fortalecen.
Pero esta no es la fe del figurar; este
oscuro deseo proviene del orgullo que traemos en nuestra naturaleza caída. Para
el hombre del común es perfectamente natural; ese orgullo y buscar reconocimiento en sus logros representa el motor de su vida y sus sueños.
Sólo a través de esto puede ver sus metas materiales a corto plazo. Es tan fuerte esto, que “sacar pecho” como le dicen en
algunas partes, se ha convertido en algo
más importante que la retribución monetaria. No importa a quién hay que
atropellar, sólo se busca llegar y obtener el “golpecito en la espalda” del reconocimiento.
El meollo de la idea, está en hacerse a un lado para que
los demás vean a Dios en lo que se hace “Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo” (Jueces 6:16).
REFLEXIÓN: Cuidado que ese golpecito
en la espalda lo puede hacer caer, pero al abismo!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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