En la Biblia encontramos y concretamente en los Evangelios, cómo vino Jesús al mundo, cómo nació, su concepción milagrosa, en qué circunstancias, cómo creció y luego desarrolló su Ministerio.
Todas estas aristas, darían para que entre estos eventos sobrenaturales y la vida normal de un ser humano, se generaran ciertas dudas en los religiosos de la época. Las mismas que usted y yo hemos tenido en algún momento como incrédulos, pero que un día y por la misericordia de Dios fueron superadas.
Al punto de creer y reconocer nuestra condición de pecadores necesitados de un Salvador. De alguien que nos limpie, nos transforme y así llegar a ser aceptos delante de Dios; de ese Dios que es de acuerdo a la Biblia Santo, Santo, Santo.
Lastimosamente y como lo hemos visto en otras reflexiones, no todos llegarán a la verdad salvadora, a esa que les permitirá ser parte de la familia de Dios. Y la influencia de estos religiosos alejó a muchos de la verdad que traía Jesús.
Aun pasa y es así como es más fácil llegar a uno que no conoce absolutamente nada de Dios que a un religioso. Y no es que hayamos descubierto el agua tibia, lo vemos permanentemente en nuestro entorno.
Hace un rato estaba en el supermercado y delante mío iba una señora joven a pagar una revista de las que habla de los ángeles; que triste realidad estar basando la vida en algo claramente administrado por el enemigo así como el horóscopo del que hablamos en estos días.
Pero el asunto que nos ocupa hoy trata del rechazo del pueblo judío hacia Jesús, al mismo Dios al que Abraham recibió, al que le creyó y siguió tiempo atrás “Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.” (Juan 8:39). Un rechazo que tiene a este pueblo separado por lo pronto de la bendición de Dios, mientras termina el tiempo de la Iglesia de Cristo.
Pero esta no fue la primera vez, también lo rechazaron en el Antiguo Testamento, cuando decidieron pedir un rey a Samuel “Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.” (1 Samuel 8:7).
La historia de la humanidad se sigue escribiendo y es así como hoy se le rechaza una y otra vez. Ha pensado usted en cuántas personas rechazan el mensaje de Cristo diariamente?. Este rechazo no puede cuantificarse, pero así como usted se encuentra con la apatía del vecino hacia el mensaje de Jesús hoy, también hay millones en lo mismo.
Este rechazo no es nada nuevo y si lo hizo el pueblo judío, que podemos esperar de los demás pueblos.
REFLEXIÓN: El rechazo es más común en la vida diaria de las personas que la aceptación!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
¡COMPARTIR PALABRA HACE LA DIFERENCIA!