Por estos días encontramos la noticia de la llegada del hombre a la luna en una misión llamada Artemis II, pero es interesante recordar que en el año 1.969 otra similar, la del Apolo 11 no sólo se acercó, sino que alunizó.
Cuando se habla en términos de hombres, todo se sobre dimensiona; pero cuando se hace en los de Dios, todo se minimiza. Siempre se ensalza hasta el más mínimo logro de la humanidad, mientras que las cotidianas, pero asombrosas muestras de poder de Dios no.
Es bueno hacer un paralelo entre esta aproximación o el inclusive cuestionado alunizaje de 57 años atrás y este evento asombroso que se relata en la Biblia: “Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos“ (Josué 10:13); donde el Señor prolonga las horas de un día para Su pueblo, haciendo que toda tecnología de Artemis se sea vea como un juego de niños.
Pero cuando hablamos de que Jesús entregó a sus discípulos una Gran Comisión, aún el mismo creyente piensa en algo imposible. Que es algo que sólo le compete a los pastores y evangelistas, que en teoría se han preparado.
Pero resulta que no, esta es una tarea que aunque de una importancia impresionante como todo lo de Dios, tiene que ver con todas las instancias de la Iglesia de Cristo. Desde aquel que barre el templo, hasta el que se para a predicar en las tarimas de los estadios a miles de personas.
Es bueno estar preparado, pero con sólo tener claro lo básico del Evangelio y dimensionar lo que Dios hizo por nosotros a través de Jesús es suficiente. No tenemos que ir al instituto bíblico o a un seminario para poder compartir lo recibido.
En muchas reflexiones, hemos comparado la Salvación con el pago de una hipoteca que usted no podía cubrir. El Señor vino y giró ese cheque en blanco para que sus deudas fueran cubiertas.
Será tan difícil de contarle al de al lado que usted ya no está condenado y que cuando Dios lo llame de este mundo va a estar con Él?. Sera muy complicado contar que usted estaba hundido en el lodo de la droga o el sexo y Dios lo perdonó?.
Muchos han llegado a una cárcel por un crimen luego de un juicio, se han encontrado con su pecado y han dado lugar a Cristo en sus vidas para superar las rejas físicas y encontrar la libertad eterna.
Cuando usted los visita, le cuentan con un gozo indescriptible sobre esa libertad que sienten y viven a pesar de una cárcel de hombres. Es más, no quieren salir de allá porque nada de lo que hay fuera les hace falta.
Esta reflexión se resume en esto: “Sólo vaya y diga o que pasó con usted”.
REFLEXIÓN: La sencillez de un testimonio llama más que el más elaborado de los mensajes!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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