jueves, 7 de mayo de 2026

LO ÚNICO QUE SÉ

Si usted me hubiera hablado del “mensaje de salvación” hace cincuenta años, lo más probable es que le hubiera escuchado por cortesía, pero simplemente le hubiera dicho “muchas gracias” y nada más.

Hoy y luego de casi cuarenta, me gozo de manera especial en haberlo recibido. Es lo más importante que alguien me ha dado y lo recibí del mismo Señor al leer Su palabra. Un buen amigo me compartió su calidad de creyente y posteriormente, apenas unas semanas después al leer el libro de Romanos, el Señor me arrebato.

Con ese arrebatamiento en espíritu, no me cuesta para nada imaginar cómo fue el arrebatamiento físico de Enoc o el de Elías. Recuerdo con viva emoción esa tarde en la que en lugar de ir al cine, leyendo Romanos capítulo 7 y al entender ese ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” ” (V.24) , sentí cómo salí volando.

Fue una experiencia que en mi calidad de personal de vuelo, me hizo pensar, en que no sólo con un par de turbinas se puede volar, y sueño con ese arrebatamiento físico cuando venga el Señor a recoger Su iglesia.

Pero volviendo al título de la reflexión, quiero ir al meollo del asunto con este verso Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.” (Juan 9:25). Como verá, se trata de uno de lo ciegos sanados por Jesús; pero al que los fariseos se empeñaban en desvirtuar.

Este hombre no podía explicar más de lo evidente. Cómo lo hizo o quién era Él; pero lo cierto es que no veía y ahora sí. Sus padres tampoco podían aportar más de lo que sabían, que su hijo nació ciego y ahora veía como ellos.

Es increíble, pero muy palpable la ceguera espiritual de la mayoría de la humanidad, y no tenemos que ir muy lejos para comprobarlo. La misma familia, los amigos y aun los que no gustan de nosotros.

Pero cuando uno es ciego como lo fui, simplemente sigue “viviendo” en ese mundo de oscuridad. La luz de Cristo me alcanzó un día y hoy puedo ver; con alguna tristeza por los que aun andan dando tumbos por la vida, pero con un gozo incomparable al saberme del lado de Dios.

Cómo explicarlo, lo he tratado de todas las formas posibles, pero la ceguera es algo que yo no gobierno y sólo le es dado a Dios quitarla. Él pone a nuestra disposición todas las herramientas empezando por Su palabra, pero los seres humanos tienen que hacer su parte.

Creer y sólo creer, pero les es tan difícil como volar. Si usted me pregunta cómo fue, sólo puedo decir lo que dijo este invidente un día: ”…una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.”

REFLEXIÓN: Creer no es tan difícil como ver siendo ciego, sólo crea y podrá ver!

LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!

- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –

¡COMPARTIR PALABRA HACE LA DIFERENCIA!