Si nos dirigimos al Antiguo Testamento en los libros de Samuel, nos encontramos con un par de posiciones en las que deberíamos reflexionar y por supuesto aprender. Dos personajes que siendo del mismo pueblo terminaron por ser antagónicos.
Los relatos de la Biblia no fueron escritos para ser guardados en una biblioteca, sino leídos, estudiados y aprendidos. Es ese manual del que hemos hablado en varias oportunidades y que debería regir la vida de cada persona.
Sin darnos cuenta, en cada día nos vemos como humanidad, parados en una de estas dos posiciones. Ha pasado, pasa y seguirá pasando por el tiempo que permanezca este mundo en el plan de Dios.
El pueblo de Israel un día optó por rechazar la dirección de Dios, y depender de la de un humano como los demás pueblos de ese entonces. Nada más absurdo, pero si usted se toma el trabajo de leer todo el relato, encontrará una gran enseñanza.
Frente a esto Dios no se opuso, pero sí experimentó tristeza “…dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.” (1 Samuel 8:7).
Luego de darles ese rey que querían, encontramos cómo este desobedece, se revela y es desechado “Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras” (1 Samuel 15:11).
En contraste, el mismo Señor encuentra a uno con el tiempo y será llamado “ un hombre conforme al corazón de Dios”. Uno que a pesar de sus errores “pecados”, estuvo dispuesto a arrepentirse y pedir perdón.
La verdad es que David no estuvo a la altura de la integridad esperada por Dios, pero siempre tuvo un corazón dispuesto. Uno que dijo “Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí.” (Salmos 51:3).
Cosa que no hubo en Saúl, que le pidió perdón de afán a Samuel, pero nunca se arrepintió delante de Dios “Perdona, pues, ahora mi pecado, y vuelve conmigo para que adore a Jehová. Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel” (1 Samuel 15:24-26).
Es así como Saúl con todo en bandeja, rechazó el plan de Dios, pero David a pesar de las dificultades lo aceptó. Hoy como Iglesia de Cristo tenemos la misma opción, le obedecemos o le rechazamos,
REFLEXIÓN: La línea divisoria entre la obediencia y la desobediencia es muy frágil, y se puede romper!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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