Hace un tiempo leía un escrito de la segunda guerra mundial y a grosso modo relataba la historia de un militar que volaba en las líneas aliadas, y que ya para el final del conflicto tuvo la oportunidad de regresar con anticipación a casa.
La conmovedora historia dice que él en su afán de regresar a su familia, planeó todo para que fuera una sorpresa. Lo interesante es que él fue quien se le llevó una maravillosa sorpresa.
Cuando llegó a su casa se filtró por la ventana para no ser notado y sin esperarlo, se encontró con un gran letrero que decía “Bienvenido”. Todos saltaron sobre él ante su asombro y escuchar de su esposa decir: “nosotros nunca dejamos de esperarte”.
Linda historia, con un final feliz, y que debería dejar una enseñanza muy clara para el creyente. El hijo genuino de Dios, es alguien que siempre y en cada momento debe estar esperando el regreso de Cristo.
La Biblia dice claro que Él regresa, y esto no va a ser anunciado por las noticias “En la casa de mi Padre muchas moradas hay;...voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2,3) .
Será algo que el mundo espera, que el incrédulo siquiera concibe; pero que el cristiano debe saber. Todos estarán tan ocupados en sus carreras del diario, que no podrán entenderlo.
El ejemplo de esta familia que nunca dejó de esperar a su esposo y padre, debe ser algo que como creyentes nos reta a la integridad, a la santidad y a un constante velar “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mateo 25:13).
Habrá sorpresa de gozo en unos pocos al saberse objeto de su regreso, pero también habrá sorpresa y horror para los muchos que no saben lo que pasa y lo que habrá de venir.
El término “velad” que nos muestra la Palabra, es algo que va mucho más allá de sólo esperar. Es algo que demuestra un anhelo ferviente, un deseo porque algo suceda y nada más puede tener este contexto, sino para el hijo de Dios.
Muchos o casi todos le temen a la muerte, algo que implica zozobra por el sólo hecho de no saber qué hay más allá, o de tener dejar lo que muchos consideran una buena vida.
Los que han tenido una vida de comodidades sufren por desprenderse de lo que tienen, y los que no han tenido nada por no haber logrado lo que querían.
Para la Iglesia de Cristo todo será gozo y alegría, al ver una más de todas la promesas de Dios cumplirse en sus vidas. Irse con el Señor, a algo eterno y lo que implicará vivir con Él.
REFLEXIÓN: Usted debería tener su esperanza en el que ha de venir, no espere más!
LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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