Como creyentes en Cristo, nuestro ministerio más importante está en la familia. Hace muchos años tuve que tomar una decisión sobre el tema, pero el Señor no se demoró en responder a mi inquietud.
Con muchos años en la actividad del vuelo y todo lo que encierran los aviones, las puertas se fueron cerrando alrededor de las empresas de antes y entre las únicas opciones que se barajaban, era irme a volar en Africa o en el Medio Oriente.
Viviendo y teniendo familia en América, esto implicaba volar como pasajero entre 18 y 23 horas para llegar a mi base de trabajo, y así lo hicieron varios de mis amigos. Nunca más supe de ellos. Una paga interesante y la posibilidad de hacer lo que me gustaba.
Para justificar mi tiempo de trabajo allá, tenía que volar asignaciones por algo así como 20 o 23 día, para así poderme tomar una semana libre y ver a los míos. Viaje de ida y regreso 4 días, con el jet lag correspondiente para compartir con mi señora y mi hijo sólo 3 días.
Eso no es tener tiempo de calidad para una familia. Por supuesto que no, y le doy gracias a Dios por haberme retenido con los míos “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:19). Tengo por Su gracia, una familia que ama a Dios y a la Obra.
Los he visto crecer espiritualmente y sé de varios que no han estado con los suyos y terminan siendo unos perfectos desconocidos para sus familias. Con hijos alcohólicos, drogadictos o hasta homosexuales, y esposas entregadas a su vida social.
Es cierto que la familia que Dios nos presta en esta tierra es “intrascendente” y de hecho la mayoría de esta se queda aquí, pero el núcleo básico que el Señor nos da en responsabilidad, tenemos que sacarlo adelante con Su ayuda.
El mío le pertenece a Cristo y esto lo hace “trascendente”; un día los voy a tener conmigo delante del Señor y por la eternidad. Aquel hijo que hubiera podido perderse en el mundo y la esposa dedicada a Dios que veo estarán con Él.
Por otro lado, hemos tenido la oportunidad de mostrar al resto de la familia extendida, lo que Dios hace en una familia cristiana, y si podemos recoger algo para la Iglesia de Cristo de entre ellos será muy bueno.
Para cerrar, es de importancia reflexionar sobre el límite sano que deben tener la cosas, y por familia en la sangre que sea, hay una igualmente importante guardadas las proporciones, que es la familia de Dios.
Todos aquellos que un día tomamos la mejor decisión de la vida, la de aceptar a Jesús como nuestro Salvador. La familia del mundo está hoy, en la eternidad no, pero la de Cristo sí.
REFLEXIÓN: Es bueno distinguir entre la prioritario y lo que Dios no permite!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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