Muchos años atrás entramos en la posibilidad del matrimonio mi esposa y yo sin conocernos. Conozco parejas que han tenido varios, muchos de noviazgo; pero el nuestro no fue el caso.
Y con alegría hemos visto el trabajo del Señor en nuestros corazones, el cambio que se ha generado de manera individual, para un propósito común, el de edificar un hogar; pero además vemos lo mucho que nos parecemos hoy.
Tal y como lo hemos dicho antes en reflexión, el ejemplo es algo que llama y de una manera que no podemos dimensionar. Esto es tan fuerte que hasta el que no se parece a uno termina por hacerlo.
Ustedes recordarán la historia del “Patito feo”, en que se relata el nacimiento de un hermoso cisne, y cuyo huevo fue empollado por una pata. El animalito eclosionó y lo primero que vio fue a su madre adoptiva.
Adoptó las costumbres y vida de un pato al recibir su ejemplo. Los cisnes no son precisamente bonitos cuando son polluelos y por esto sus medios hermanos patos los rechazaban, no obstante nunca se imaginaron que cuando creciera sería una muy hermosa ave y que podría volar.
Nada lejos de la realidad del ser humano, que imita lo que ve y los niños son unas esponjas literales que asimilan todo sin cuestionarlo. Cuando somos niños espirituales también tomamos lo que se nos muestra, así sea algo equivocado doctrinalmente hablando.
Lo vemos en tiempos de Jesús, a pesar de que los discípulos lo tuvieron en persona compartiendo Su enseñanza, convivieron con Él por tres años y fue el ejemplo perfecto de hombre que todo creyente debe seguir.
Es así como el apóstol Pablo, les escribe a los efesios algo muy puntual “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Efesios 5:1). O sea que este no fue un problema resuelto durante la estadía del Salvador, es algo que persistió todavía tiempo después de su partida.
Es algo que subsiste aún dentro de la iglesia y se ve reflejado en tanta doctrina sin sentido que escuchamos a pesar de tener la Palabra Escrita. Cualquiera hace rancho aparte y arrastra a otros en su mal pensar.
Como si fuera poco, tenemos que desafortunadamente el mal ejemplo, es el que más rápidamente arrastra, la condición de pecado es inherente al ser humano y somos tremendamente proclives a este; pero esto no es nada que no se pueda solucionar si buscamos la dirección del Espíritu Santo (Santiago 1:5).
REFLEXIÓN: Procuremos imitar a Cristo en lo poco que le conocemos y no a hombres!
LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
¡COMPARTIR PALABRA HACE LA DIFERENCIA!