Dentro del cúmulo de ideas que se tejen alrededor de la fe y las obras, encontramos que se han formado hasta religiones que defiende la posibilidad de lograr agradar a Dios con sacrificios, buenas acciones, altruismo, donaciones, caridad, mecenazgo, filantropía y otros.
Estos conceptos se ha enquistado tanto en la sociedad religiosa, que al siglo XXI todavía encontramos a sacerdotes viviendo en las pequeñas y apartadas poblaciones, de la gallinita o el bulto de papa que le lleva el campesino.
Y en el peor de los casos, cómo a la muerte de los adinerados, sus fortunas pasan a ser “entregadas” a los religiosos dizque para tener que mostrar delante de Dios cuando lleguen a su presencia.
Por supuesto hay dos partes aquí como en todo, por un lado la ignorancia de la verdad bíblica en la gente, y por otro el conocimiento mal intencionados de comunidades religiosas que se han enriquecido a través de los siglos manipulando lo poco o mucho que saben de esta verdad.
Pero para el tema que nos ocupa hoy a manera de reflexión, nos encontramos con que la fe es el método entregado por el Señor para saldar cuentas con Él “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).
El asunto es perfectamente claro, y si la gente no lo entiende es porque no les interesa leer la Biblia, que es la palabra inmutable e inspirada por Dios para toda la humanidad; estas pocas palabras lo dicen todo.
De otra parte y para confirmarlo tenemos que “…que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él;” (Romanos 3:20), y esta ley es apenas una forma de sacar a la luz nuestro pecado “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.”
Así las cosas, nos encontramos con que exceptuando a Abraham que fue justificado al obrar confiando en el Señor para sacrificar a su hijo Isaac, el resto de la humanidad sólo recibe la salvación por la fe.
Es bueno entender, que este hombre fue el primer llamado al camino por Dios y que hay cositas que son muy particulares para él; pero su fe es la que cuenta así como para nosotros la ley es apenas una fuente de conocimiento sobre lo bueno y lo malo “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Romanos 3:28).
La fe nos lleva a la Gracia salvadora de Dios, pero esa fe ha de resultar en obras que sí se vean “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (Santiago 2:17). El hombre del mundo sólo verá la diferencia a través estas.
Somos declarados justos delante de Dios por la fe, pero somos justificados delante de los hombres por las obras que hacemos. Es importante ver que el único que puede ver nuestra fe es el Señor, pero los hombres sólo podrán ver nuestras acciones.
REFLEXIÓN: Hay una diferencia abismal entre lo que puede ver Dios y lo que pueden ver los hombres!
REFLEXIONAR ES INHERENTE AL SABIO!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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