Para los que le hemos creído a Dios, en Su salvación en Cristo, a la presencia del Espíritu Santo en nosotros, a la nueva vida que tenemos, a pertenecer a Su familia, al futuro de destrucción que viene para la tierra, al juicio final, a la nueva vida que tendremos con Él y al sin fin de promesas que nos hizo; que se han cumplido, se cumplen y se cumplirán, nos acude una expectativa total.
Obviamente no es la de incrédulo y sin esperanza, pero si una de alegría y gozo por lo que se viene. Una cosa es lo que se vive en esta vida terrenal y una muy diferente la que tendremos con Él en un cielo nuevo y una tierra nueva “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” (2 Pedro 3:13).
Desde ya y en esta vida nos dice que “…si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17), y esto se habrá de materializar en todas las áreas del hijo de Dios allá.
Pero cuando lleguemos allá y por la vía que sea, a través del Rapto de la Iglesia o porque hayamos muerto a estos cuerpos “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados…,” (1 Corintios 15:51).
Si usted tenía artritis, Parkinson, alguna discapacidad parcial o total, estaba enfermo del corazón o los pulmones; si usted lidió con su cuerpo por unos pocos años o por la vida entera, el asunto será totalmente diferente.
Esto por la Gracia de Dios por supuesto, y porque ya no estaremos sujetos a esta carne corrupta que hoy nos acompaña; la vida nueva con el Señor será total y eterna. Ya no habrá más llanto o tristeza, en pocas palabras, esta vieja y deteriorada vida quedará atrás.
Puede imaginar apreciado lector un cuerpo nuevo?. Pero lo que de una manera efectiva tendremos en alta estima en esa nueva creación, será el nuevo corazón. No porque ya no va a estar sujeto a un infarto, a una pericarditis o cualquiera de las afecciones propias del presente.
Tanto usted como yo sabemos de la lidia permanente que tenemos con nuestro corazón “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:99).
Esta es una lucha que sólo el creyente dimensiona, si no, escuchemos al apóstol Pablo “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.” (Romanos 7:15).
El incrédulo simplemente es objeto de lo que le dicta su corazón corrompido por el pecado y así vive, pero para el hijo de Dios implica una lucha constante. El camino del cristiano no es fácil, y si alguien le dice que lo es, es un mentiroso.
Así las cosas, el mejor regalo que recibiremos en nuestra nueva creación, no serán el hígado o un riñón; de antemano muchas gracias por ese nuevo cuerpo; pero lo mejor será ese “corazón perfecto” para Dios. Uno perfecto, obediente y siempre dispuesto para Él!!.
REFLEXIÓN: Usted no lidia con ningún otro miembro de su cuerpo más que con su corazón!
REFLEXIONAR ES INHERENTE AL SABIO!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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