jueves, 13 de febrero de 2025

MAS PERDON

Si  miramos el entorno con la niñez y la juventud de hoy, el panorama no es nada halagador, pero es una constante de cada generación y lo hemos escuchado de padres y abuelos, que veían como la humanidad se ha venido deteriorando paulatinamente.

Para no ir tan lejos y bíblicamente hablando, vemos el caso de Roboam, hijo de Salomón, que en lugar de engrandecer lo dejado por su padre o por lo menos mantenerlo, terminó dividiendo el reino Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David; y reinó en su lugar Roboam su hijo” (1 Reyes 11:43).

Esta división acabó literalmente con todo lo hecho por David su abuelo en materia de unión del pueblo y Salomón en lo que tiene que ver con riqueza, sabiduría y tamaño del mismo Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes que se habían criado con él, y estaban delante de él” (1 Reyes 12:8).

En lugar de tomar el consejo de hombres mayores y sabios, tomó el de sus contemporáneos, que sin experiencia alguna en temas de gobierno terminó por dividir al pueblo y él sólo quedó con una de las doce tribus. Obviamente esto era apenas la voluntad del Señor, que años atrás lo había determinado.

Hace años y en calidad de niño promedio, era igualmente un estudiante promedio y asumo que tuve la vida de un “bien portado” hijo de familia. Por lo menos así lo veía y no fueron muchas la veces, que recuerde”, en que tuve que pedir perdón a mis padres.

Este ejemplo del hijo de Salomón, me hace reflexionar sobre la ya no tan nueva condición de adulto como hijo de Dios. Cómo fue ese pasado apartado del Señor y viviendo dentro de parámetros tal vez normales para una familia religiosa apenas.

Hoy y luego de más de treinta años de haberme encontrado con Cristo, las cosas son diferentes, diría que muy diferentes, y esos parámetros se han vuelto mucho más exigentes en el diario vivir.

La vida del incrédulo tolera más cosas, la mentira con el cuento de que hay mentiras blancas y mentiras negras, la respuesta a los padres cuando se es perezoso con un ya voy es más aceptada y otras cositas que sumando resultan ser lo que la Biblia llama “pecado”.

Así las cosas, encuentro como dentro de ese nuevo estilo de vida que el Señor me regaló hace muchos años, la necesidad de pedir perdón a mi Padre Celestial es una constante. La línea que separa el bien del mal está claramente definida en la Palabra y no hay excusa que valga.

Cada pensamiento, palabra o acción, está regida por ese maravilloso manual que Dios nos dejó y sin el cual no llegaremos a buen término. El pedir perdón y mantener comunión con Él, se ha convertido en algo imperativo para vivir esa paz que sobre pasa todo entendimiento (Filipenses 4:7).

REFLEXIÓN: La vida nueva exige más y mejor estilo de vida, integridad y santidad!

REFLEXIONAR ES INHERENTE AL SABIO!

- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –

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