Cuando hacemos una retrospectiva de las decisiones que hemos tomado y en las que hemos tenido que ceder, tal vez en términos económicos no han sido las mejores. Tal vez hubiéramos preferido decir no.
Para no ir tan lejos, la vida diaria y especialmente para los casados, felizmente casados como dice el mundo, se trata de un “ceder” constante. Pienso que la experiencia nos llama a decir que cada vez que lo hemos hecho hemos ganado.
Nuestros cónyuges se han sentido valorados, apreciados y esto nos trae un plus de autoestima y gratitud por lo recibido y lo que se da. Hemos aprendido a dejar en gran parte el egoísmo tan propio de los seres humanos y cuando de comer pizza se trata, siempre ceder la porción más grande.
Esto no era precisamente lo que traíamos en el corazón cuando éramos niños y hasta berrinche se hizo cuando no se ganó en el dominó o recibimos una hamburguesa más pequeña de la que esperábamos.
Pero si se trata de ceder y ganar, veamos nuevamente el ejemplo de Abraham. Una vez que habían salido de Ur en busca de la tierra prometida, pasaron por muchas pruebas en las que Dios fue su respaldo haciéndolos muy ricos.
Al punto de que él y su sobrino Lot ya no podían convivir sin que sus criados y sus ganados tuvieran problemas, “Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos.” (Génesis 13:8).
Ya todos sabemos lo que pasó y como Lot escogió para si lo que mejor se veía “Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro” (13:11).
Se apartaron por caminos opuestos y lo que le tocó a Abraham no fue lo mejor, pero es aquí donde ceder se convierte nuevamente en una bendición. Fue cuando llegó a Canaán que era montañoso, mientras que su sobrino se fue a la fértil llanura del Jordán entre Sodoma y Gomorra.
Todo esto desmejoró al punto de que llegó el día en que tuvo que decirle a su familia “…: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad” (19:14). El pecado que le rodeaba lo llevó a perder todo lo que tenía incluyendo a su esposa.
Las implicaciones de una mala elección basada en el egoísmo o cualquier otra motivación, tarde o temprano se verán y nos hará recordar como en el caso de Abraham, el cómo ceder siempre es mejor.
REFLEXIÓN: Cuando cedemos le estamos la razón al Señor!
REFLEXIONAR ES INHERENTE AL SABIO!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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