El normal de la gente suele buscar en última instancia a Dios, cuando el medico dice “ya no hay nada que hacer”, cuando la droga o el alcohol han hecho estragos en un hombre y lo único que lo puede sacar de ahí es Su intervención.
Las personas de los ejemplos anteriores ya lo han intentado todo, el especialista, la quimioterapia, el centro de rehabilitación y otras formas de eventual solución que dependen sólo de hombres.
Es un pesar que sólo se piense en el Señor cuando ya no hay ninguna opción; no obstante lo tienen como Aquel que puede hacer lo que nadie más. Por lo menos existe en el mejor de los casos algunos que lo piensan, pero otros inclusive lo culpan de sus problemas.
Para cada persona existe un milagro o varios, situaciones que sólo pueden sortearse a través de Dios. Soluciones impensables y que sólo Él en su todo poder puede sacar adelante.
Para los que tenemos muchos años de conocerle de cerca y que por su Gracia hemos sido salvos y nos lleva en el día a día, es muy claro que “no hay milagro chico”, así como tampoco hay el grande que muchos ven.
Todo es simplemente parte de su perfecta voluntad y un día, cuando estemos a su lado, menos habrá de asombrarnos Su gran poder. Pero por lo pronto, debemos entender que cada situación por trivial que parezca es permitida o no por Su voluntad.
Podemos asegurar que para Dios es tan fácil abrir el mar como poner alimento en su mesa para el desayuno. Es sólo que nos hemos alejado tanto de su cuidado, que hace tiempo empezamos a creer que si hay desayuno en nuestra casa es porque lo compramos en supermercado.
En mi caso personal y sin pretender espiritualizar todo, el Señor me ha llevado por tantas que ya nada es sorpresa aunque me sigue impresionando Su poder. Como Pablo dice “…ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8).
Lo que a la gente emociona, como un viaje al otro lado del mundo, el carro nuevo y de marca, la casa de quinientos metros cuadrados con piscina y otras cosas similares es nada al lado de conocer a Cristo.
En este orden de ideas y a la luz de la majestad de Dios, no hay milagro grande ni chico, sólo es Su voluntad que se goza en dar en abundancia a los que le buscan “Se complace Jehová en los que le temen, Y en los que esperan en su misericordia.” (Salmos 147:11) y aunque triste, disciplina al que lo ignora “Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti.” (Salmos 5:4).
REFLEXIÓN: Que no lo impresione lo que ve, impresiónele lo que no se ve!
REFLEXIONAR ES INHERENTE AL SABIO!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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