jueves, 3 de enero de 2019

QUIÉN LO HARÁ CAMBIAR


Como parte de nuestra naturaleza caída, nos hemos vuelto tan independientes que consideramos a Dios al margen de lo que ocurre en nuestras vidas en el día a día. Este es uno de los tristes atributos del enemigo que empezó por esto, luego se llenó de soberbia y terminó por querer ser como Dios.
La Biblia dice que cuando usted no es creyente no es hijo de Dios y por consiguiente es hijo del enemigo. Es apenas obvio que el hombre natural y sin Dios desarrolle el comportamiento de Satanás.
Este mundo está lleno de estas personas, que no quieren depender de nadie y en su autosuficiencia pretender llegara sus metas a cualquier precio. Lograr éstas metas a veces utópicas, requiere necesariamente obrar por fuera de los parámetros del Señor.
Hasta en las personas más nobles aparentemente, nos encontramos si no con estas prácticas, siendo permisivos con ellas. Que el hijo es narcotraficante, pero trae las cosas para nuestra comodidad dicen; que la hija se declaró lesbiana; pero es la única que trabaja y nos paga el arriendo.
La corrupción disfrazada de rectitud está a la orden del día y se usa la ilegalidad revestida de justicia para lograr ganancias. Réditos de malos orígenes que tarde o temprano pasaran la factura al que así obró.
El título de nuestra reflexión busca un cambio y alguien que lo pueda proveer. La cárcel es uno de los sitios más especiales en este sentido; por diversas razones la gente llega a allí y en medio de esa triste condición, muchos se acaban de perder, así como muchos se encuentran con el único que transforma.

Un hospital a pesar de una penosa enfermedad, no proporciona el caldo adecuado para el arrepentimiento. Ejemplos cercanos de estas condiciones, nos permiten decir con seguridad, que si el individuo promedio del mundo tuviera un tiempo confinado y con la perspectiva de muchos años allí o de morir al final de proceso, tendría un ochenta por ciento de posibilidades de llegar a Cristo.
Cristo es el único que aparece como ayuda real en estas y en todas las circunstancias de la vida. Existe en terapeuta, el trabajador social, el psicólogo o el psiquiatra; pero ninguno de estos tiene la capacidad de confrontar como lo hace la Palabra y de salvar y transformar como el Salvador “…al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas(Filipenses 3:20,21); el hombre natural está tan lejos de Dios, que solo alguien sobrenatural lo puede salvar. 
REFLEXIÓN: La independencia siempre tiene sus riegos!
REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
¡COMPARTA DE GRACIA, LO QUE DE GRACIA RECIBE!
Síganos en Twitter:  @ReflexionBi