Cuando los peregrinos del viejo mundo
llegaron a las costas de América del norte perseguidos por sus creencias, se
encontraron con una tierra nueva y llena de oportunidades. De hecho cuando los
Estados Unidos se formaron y establecieron como país lo hicieron bajo preceptos
cristianos y su constitución política tuvo muy en cuenta a la Biblia.
Con el correr de los años acogieron
entre sus inmigrantes a gran parte del pueblo judío, que se de la mano de Dios
se hizo próspero y por estos años hemos visto a éste imperio como aliado y
protector de Israel como país y pueblo frente al mundo.
Cuando un pueblo o persona anda con
Dios todo funciona, se ven los frutos para gloria de Él; pero cuando se alejan
de Su camino nada va. Éste país del norte se ha venido alejando del Señor
paulatinamente, sacaron la Biblia de las escuelas y vemos el grado de deterioro
que hay en esa sociedad.
Con algo similar nos encontramos en el
verso de la reflexión de hoy “¿Dónde están ahora aquellos tus sabios?
Que te digan ahora, o te hagan saber qué es lo que Jehová de los ejércitos ha
determinado sobre Egipto” (Isaías 19:12). Vemos claramente en Isaías a
qué se enfrentaba Egipto y sin tener un guía de parte de Dios.
Este verso se
encuentra en un contexto, en el que ya no tenían el favor de Dios; sino su
condena. Ya no estaba un José de parte del Altísimo para determinar su futuro y
menos guiar sus pasos; todo éste capítulo es una profecía en contra de esa
tierra.
La historia bíblica
nos enseña todo lo acontecido con José en su llegada a Egipto, cómo fue vendido
como esclavo por sus propios hermanos; pero también cómo todo, aun lo malo estaba
bajo el control directo de Dios “Mas Jehová estaba
con José, y fue varón próspero” (Génesis 39:2).
Esta es apenas una de
las tantas veces, que en Génesis se menciona que el Señor estaba con José y que
por supuesto nada podía salir mal. Los anteriores son dos testimonios
históricos, uno en la antigüedad en Egipto y otro contemporáneo en Norteamérica
de lo que es estar con o sin el Señor.
Es importante reflexionar cada día sobre nuestra vida
y lo cerca o lejos que estamos de Dios; no por lo que nos puede dar, sino por
que debe ser nuestro anhelo más profundo vivir en comunión con Él.
Cuando tenemos Su
favor, no sólo hay prosperidad espiritual y eventualmente material, ésta última
no es una constante; pero sí el gran gozo invade nuestro ser no importando las
circunstancias y descansaremos en “…la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros
corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:7).
REFLEXIÓN: La cercanía con Dios es la
lejanía de la desgracia!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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