“Y seréis aborrecidos de
todos por causa de mi nombre; mas el
que persevere hasta el
fin, éste será salvo”
(Marcos 10:22)
A lo largo de la vida he aprendido
que esperar es un arte, y más que esto un don de Dios. Sólo el que aprende a
esperar y a esperar en Dios, obtiene la victoria; y como valor agregado crecimiento,
madurez y una profunda capacidad de entender al que está al lado. Ser
entrenados en depender del Señor, implica una bendición que trasciende esta
vida finita.
Aquel que piensa que todo lo puede
lograr por sus propios medios, está condenado a la incredulidad y cada vez se
aleja más del Creador. No es fácil aprender a caminar al ritmo de Dios, en Su
voluntad y abstenerse de incursionar en muchas cosas. Es algo que está
inclusive en contra de los principios del mundo
.
Dios no nos llama a la pereza y de
hecho ésta es condenada en la Biblia; pero ser sabios para acatar Su voluntad
hace la diferencia y nos hace igualmente diferentes. Nuestras prioridades
cambian, los sueños y propósitos adquieren otro color; la vida entera se hace
distinta cuando la prioridad se enfoca en objetivos que van más allá del
horizonte del hombre común.
Parafraseando podríamos decir que, el
cielo y la tierra pasarán; pero los propósitos de Dios no, y es hora de renovar
nuestro entendimiento, afirmar convicciones, renovar compromisos, procurar esa
santidad que Él espera y sin la cual no le veremos.
PREGUNTA: Ya ha aprendido a esperar en
Él?
REFLEXIONE Y
DECIDA!
- REFLEXIÓN BASADA EN LA
VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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