“Así que ya no sois
extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la
familia de Dios”
(Efesios 2:19)
Un drama muy común en el mundo es el
del niño huérfano por pérdida de alguno de sus padres, ya sea por muerte o por
los normales divorcios de hoy. Es importante ver que un hogar disfuncional hace
huérfanos así no se acepte y que cualquiera sea el caso, la ausencia de un
padre es difícil de llevar, y deja muchas marcas en la vida de una persona.
En la parte espiritual también se
sufre esta orfandad cuando no se tiene una relación clara y directa con Dios.
Somos parte de una naturaleza caída de acuerdo a la Biblia y llegamos a este
mundo sin esa protección y cuidado que sólo un padre como Dios nos puede dar.
Dice también que aunque somos creación suya, somos unos perfectos extraños y no
familia de Él como algunos afirman. Apenas obvio, pues cómo ser hijos de un
Dios Santo, Santo, Santo?
No obstante, este maravilloso Dios que
todo lo ve, ha diseñado un plan en Su Hijo Jesucristo, para que todo aquel que
crea en el poder salvífico de su sacrificio en la cruz, restablezca esa
relación Padre-hijo rota en Adán y así ya no ser un huérfano más “…para que todo aquel que en él cree, no
se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16)
El verso introductor, nos dice que
cambiamos de estatus y entramos a pertenecer a la familia de Dios como Sus
hijos. La invitación de hoy amigo lector que aún no conoce a Cristo como su
Salvador, es a reconocer su necesidad de restablecer esa relación con Dios y
entrar a disfrutar de un Padre Todopoderoso, Omnisciente y Omnipotente.
PREGUNTA: Quiere seguir siendo
huérfano espiritual?
MEDITELO Y
DECIDA!
- REFLEXIÓN BASADA EN LA
VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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