jueves, 2 de julio de 2026

VERACIDAD

Esta es una palabra que nos hace pensar en un sin número de situaciones, pero todas orientadas a lo mismo. En un mundo en que la mentira es parte de la vida de cualquier persona, parece algo lejana la verdad y cuánto quisiéramos que volviera.

Por supuesto que no somos ajenos a la triste realidad que nos rodea, y es de cuestionarnos también, qué tan veraces somos. Hablamos verdad en cada escenario de la vida como para podernos sentir fuera de la ecuación y extrañarla de verdad?. Cuántas mentiras se nos vienen a la mente en la semana y cuántas se nos escapan?.

Conocemos quien es el padre de la mentira Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. …porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44), y sabemos de las consecuencias que esto trae.

No obstante y aún dentro de los creyentes, encontramos este fenómeno y no son casos aislados. Lo encontramos en el joven y el adulto mayor, pero cuál es el grado de compromiso que tenemos con Dios como para seguir pecando así?.

Tal vez si vamos al Nuevo Testamento, nos encontraremos con el relato en la iglesia primitiva con un caso patético. Una comunidad en la que apenas florecía el Evangelio de Cristo y en la que no faltaron los mentirosos.

Una en la que la devoción por esas recientes palabras de Jesús y su testimonio de vida no parecían preverlo. Sin embargo nos encontramos con dos ejemplos, que aunque muy unidos, se confabularon para hacerlo.

"…¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios…  Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró” (Hechos 5:3-10).

Este ejemplo no dista de la realidad no sólo de ese tiempo, sino de la actual, donde este flagelo es parte de la vida normal de la gente y que se alcanza a filtrar en la Iglesia. El asunto es tan grave, que ya en algunas de nuestras iglesias cuesta creer lo que se dice.

No es de dudar que Ananías y su esposa, se habrían sentido muy cómodos en alguna de nuestras congregaciones, y que no sólo seguirían practicando el engaño, sino que hasta lo enseñarían como parte de la doctrina.

Por fortuna tenemos un Dios al que no se le escapa nada y esto va para todos los mentirosos, desde el ciudadano de a pie hasta los políticos que todos los días desangran el heraldo público con sus engaños.

Persistiremos en lo mismo?.

REFLEXIÓN: El problema radica en a quién es que realmente seguimos, a Dios o al diablo?

LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!

- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –

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