Mucho conocemos o hemos escuchado sobre el “Renacimiento”, que se dio entre los siglos XIV y XV. Personalmente tuve la fortuna de recibir educación con un pensum generoso en materias, la historia no era la excepción, y varios niveles de historia.
En mis tiempos veíamos como materia de “Historia,” la sagrada, la patria y la universal, la América, la Europa, etc, etc; pero dentro de estas se abarcaba mucho más de lo que hoy se enseña, por lo menos en nuestro país. Si usted le pregunta a un joven egresado de educación media en cualquier parte del mundo, con seguridad no sabe lo que es el Renacimiento.
Para hacer un breve contexto, lo veremos como un punto de quiebre en lo que se creía. El asunto no se remite sólo a lo que tiene que ver con lo artístico y lo filosófico, sino como el pasó del teocentrismo al humanismo.
Este ha sido uno de los grandes pasos a la incredulidad en temas de Dios y el fortalecimiento de algo que es tan antiguo como el mundo mismo, y es la nueva era, donde el hombre y la razón son la medida de todas las cosas, haciéndolo el centro del universo.
Pero regresando al tema de reflexión, queremos hacer un paralelo, entre lo que fue ese supuesto renacimiento de los hombres y que termina por afirmar inclusive para estos tiempos, el alejamiento de Dios y lo que sí implica un verdadero renacimiento.
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Claro es, que este verso no es importante para la mayoría de estos tiempos.
Pero es bueno saber, que para volver al Camino del cual nos terminó de alejar el humanismo del renacimiento es importante nacer de nuevo “… Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:3 – 6) .
Por supuesto que es algo totalmente opuesto a la cultura grecolatina, que en lugar de sumergirse en la filosofía y el arte, se proyecta en algo que es eminentemente espiritual. Nuestra relación con Dios es algo que nunca ha debido dejarse de lado y que evidentemente no ha logrado superarse a través de una religión.
Hablan de Dios, pero todo el humanismo que reciben como parte de su formación termina negándolo “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3). Siempre se ha hablado de renacimiento, pero el “genuino” se encuentra en Cristo.
REFLEXIÓN: Una cosa en el renacimiento y otra muy diferente el renacer en Cristo!
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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