Hace justamente un rato conversaba con una linda hermana en Cristo, y ella me compartía sobre un devocional que lee diariamente. Se trata de un ministerio bastante grande y de contribuciones varias en sus presentaciones.
Leyendo al menos la de ese día, me encuentro con un momento de reflexión en primera persona, que transmite una experiencia personal y aunque bastante bien enfocada, hace más énfasis en esto que el mensaje bíblico.
Es bueno decir que aunque los testimonios son importantes, y debemos compartirlos para edificación de los que nos rodean, es a la Palabra a la que debemos acudir en primera instancia y como soporte solido del creyente.
Todos tenemos diferentes necesidades y aunque somos parte del mismo cuerpo, el área complicada de cada uno es tan particular como la persona misma. Son buenos en el tanto y cuanto todos estamos en la misma batalla entre la carne y el espíritu.
Es bueno saber que no estamos solos, que por una parte tenemos al Espíritu Santo como guiador, ayudador y orientador, y por otra, que tanto usted como yo tenemos luchas similares y no somos los únicos pecadores.
Pero de otra parte es importante filtrar todo lo que se lee, se ve o se escucha y no hay mejor cedazo que la Palabra de Dios. Vivimos tiempos complicados en los que con la sutilidad propia del enemigo se nos desvía de la verdad bíblica.
No toca ir muy lejos para sentirlo, pues hasta en nuestras propias congregaciones nos encontramos con mensajes livianos y que todos los días relajan más al pueblo creyente, que de hecho a veces está mal formado.
Las bases que tenemos y las de lo que se escucha, se ve o se lee, están siendo socavadas constantemente por un mensaje liberal. Cada día se habla un lenguaje más adecuado al mundo que a la Biblia.
Con el cuento de hacerla más asequible, hemos abierto la puerta a diversas interpretaciones sobre las que se advierte “…entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (2 Pedro 1:20).
Palabras y frases alteradas o ligeramente modificadas que con el tiempo y la costumbre se van haciendo norma, y que bajo ninguna circunstancia pueden reemplazar el mensaje bíblico de Dios.
La degradación del mundo salta a la vista y en todos los espacios y en todos los hemisferios, como para no ser cautelosos sobre cada libro, programa de radio, televisión, material en redes o el internet en general.
Que la emoción de otro no sea el parámetro que lo guía a usted apreciado lector, debemos mantenernos firmes en la Palabra.
REFLEXIÓN: Ninguna idea o vivencia reemplaza a la palabra inmutable de Dios!
LA REFLEXION ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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