Por si no lo recuerda, usted como creyente tiene un trabajo muchísimo más importante que cualquier presidencia que le ofrezcan en el mundo. Luego de ser rescatados de la oscuridad en la que vivíamos, hemos sido también nombrados embajadores.
Y no de cualquier nación o reino del mundo. Muchos anhelan ser eso, embajador, cónsul o cualquier tipo de representante de su país; pero por potencia global que sea, nada puede y por mucho igualar a ser un enviado del Reino de la Luz.
Embajadas hay muchísimas y en todo el planeta, que brillan por lo general por sus malos desempeños, por su ineficiencia y hasta por corrupción. Los embajadores tampoco son los más idóneos, normalmente son personajes que sin ser diplomáticos de carrera, los sacan a otros países por favores políticos y asociados a algo normalmente malo.
Los requisitos para un embajador en el mundo, son de línea intelectual, cultural, académica, económica, de antigüedad o política, pero los de un enviado de Dios son sólo dos, la integridad y la santidad.
Así las cosas, no se trata de representar a algún rey hombre o nación, se trata de representar al Rey de reyes y Señor de Señores. No es algo temporal, se trata de una representación vitalicia y con un componente eterno.
Cada vez que uno de estos funcionarios es enviado a un país, debe presentar los credenciales que lo acreditan como tal. Se le hace una recepción oficial y mantiene contacto con las altas autoridades locales.
Ser representantes de Dios debería ser lo mejor para cualquier persona “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:20), no obstante los cristianos somos de los más rechazados y perseguidos del mundo.
La verdad y para reflexionar, es que así como cada comunidad animal se asocia entre sí con sus iguales, los seres humanos en el mundo se asocian entre sus pares también; los de Dios con los de Dios y los sin Dios con los sin Dios.
Suena un poco despectivo, pero la Biblia nos clasifica entre dos clases y lo hace sin muchos rodeos “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1 Juan 3:10), mientras que “… todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.” (Romanos 8:14).
Pero regresando al tema inicial, tenemos como ficha resumen que nada se compara con ser un “Enviado/Embajador” del Señor. Sin credenciales más que la integridad con los que le rodean y la santidad delante de Él.
REFLEXIÓN: Hay una abismal diferencia entre representar a Dios y al mundo!
REFLEXIONAR ES INHERENTE AL SABIO!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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