En muchas ocasiones nos encontramos con la pregunta: por qué no lo ven?. Esta es una en la que a pesar de que sabemos que Dios mismo es quien hace la obra en las personas, nos hace sentir frustrados.
Cuando vamos al relato de la Biblia, en el que un pobre hombre está poseído por unos demonios, empezaremos a entenderlo. Se trata de un habitante de un pueblo llamado Gadara “Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros” (Lucas 8:27).
Este pobre andaba sin ropa, sin casa, sin familia y sin una sociedad que lo aceptara. No obstante y cuando llega Jesús hace lo que el 90% de la gente incrédula no podía en ese entonces, ni ahora: lo reconoce.
“…al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?” (V: 28). Increíble?; no pues su misma condición dominado por Satanás le hacía reconocer de manera inmediata la presencia de Dios.
Y no es que haya tenido esa ventaja con respecto al incrédulo promedio, porque dice la Biblia, que todos los que no han creído también están el reino del diablo “…y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19).
En ese orden de ideas, que importante reflexionar, y esto no solo para el incrédulo, en la importancia de reconocer la presencia de Dios en cada uno de nuestros caminos. No podemos andar como ciegos o sordos frente a lo que el Señor nos dice “…, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus decretos” (1 Reyes 8:58).
De ninguna manera lo animamos a seguir en su condición de incrédulo, pero sí queremos urgirle a reconocer a Cristo en su vida. Esto hará la diferencia como lo hizo con éste que ya se consideraba “caso perdido”.
El Señor en todo tiempo está llamando y de muchas maneras. Comenzando por casa, en la radio, con el amigo, con alguien en la fila del banco o hasta con el que considera su peor enemigo.
Reconocerle en su vida y seguirle es el verdadero propósito de esta. No existe propósito más importante para usted, que reestablecer nuestra relación rota miles de años atrás con el Creador de todo.
Usted no lo hizo, pero si aquellos que empezaron la humanidad y le han heredado esa triste condición. O cómo nacen los hijos de un asiático, un negro o un blanco?; como otro asiático, otro negro y otro blanco.
Así llegamos a este mundo, como portadores de la condición caída del pecado de la primera pareja de la humanidad, y sólo la presencia de Cristo en nuestras vidas, hará que salgamos del cementerio en que vivimos.
REFLEXIÓN: De cementerio a un hogar celestial, qué diferencia!
REFLEXIONAR ES INHERENTE AL SABIO!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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