Hay mucho que discutir y por supuesto
para reflexionar sobre lo que
queremos y lo que recibimos de Dios en nuestras oraciones. Para esto tomaremos
como ejemplo el conocido momento en Génesis donde Abraham se separó de su
sobrino Lot, y todo esto ante la imposibilidad de seguir juntos por las muchas bendiciones
recibidas.
La
Biblia dice que observaban hacia Zoar “Entonces Abram dijo a Lot: no haya ahora altercado entre nosotros
dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. No está toda la
tierra delante de ti. Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda,
yo iré a la derecha;… Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán,
toda ella era de riego, como el huerto de Jehová…, antes que destruyese Jehová
a Sodoma y a Gomorra. Entonces Lot escogió… y se fue Lot hacia el oriente, y se
apartaron el uno del otro” (Génesis13:8-11).
A
pesar de ser Abraham el llamado a decidir como el escogido por Dios, tuvo la
gallardía de ceder a su sobrino la posibilidad de escoger. Por supuesto Lot no
tuvo reparo en hacerlo y escogió lo que lucía mejor para él. Hubiera podido
decir: tío, ni más faltaba, escoja usted primero; pero no fue así y actitudes como
esta tienen las consecuencias que todos conocemos en (Génesis
19).
Luego de que Lot se fue, el Señor dijo
a Abraham que mirara a los cuatro puntos cardinales, pues toda esta tierra
tarde o temprano sería de los suyos. Él no tenía más apuro además de buscar un
lugar para construir un altar a Jehová; sabía en quién había creído y que los
tiempos de Dios no son los nuestros.
Retomando el tema de la reflexión, nos encontramos con que no
siempre dimensionamos el propósito o fin de lo que pedimos a Dios y por buenos
que luzcan a nuestros ojos las aparentes bendiciones, no siempre lo son.
Toda esta tierra que vio Lot y que se
parecía mucho a Egipto o al huerto de Jehová como lo describe el verso, no
pasaba de ser un espejismo colmado de pecado y por esto tarde o temprano, Dios traería
destrucción sobre ellos.
El meollo del asunto no está en lo que
pedimos, sino para que lo pedimos. Lo hacemos para nuestro bienestar o para
servirle a Dios con lo que Él nos dé. Vuelve al ruedo la forma de pedir en
Mateo y lo que no es para algo productivo, no llega o prospera.
Es de vital importancia saber pedir y
cuáles son las motivaciones: La sabiduría de Dios es definitiva no sólo al
momento de orar pidiendo algo; sino al momento de recibirlo, pues se debe mirar
más con el entendimiento que con los
ojos.
REFLEXIÓN: Lo que se ve con los ojos fenece,
con el entendimiento permanece!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN
REINA-VALERA 1.960 –
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