martes, 18 de septiembre de 2018

TODO CUANTO PIDAIS


Hay mucho que discutir y por supuesto para reflexionar sobre lo que queremos y lo que recibimos de Dios en nuestras oraciones. Para esto tomaremos como ejemplo el conocido momento en Génesis donde Abraham se separó de su sobrino Lot, y todo esto ante la imposibilidad de seguir juntos por las muchas bendiciones recibidas.
La Biblia dice que observaban hacia Zoar Entonces Abram dijo a Lot: no haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. No está toda la tierra delante de ti. Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha;… Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, toda ella era de riego, como el huerto de Jehová…, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra. Entonces Lot escogió… y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro” (Génesis13:8-11). 

A pesar de ser Abraham el llamado a decidir como el escogido por Dios, tuvo la gallardía de ceder a su sobrino la posibilidad de escoger. Por supuesto Lot no tuvo reparo en hacerlo y escogió lo que lucía mejor para él. Hubiera podido decir: tío, ni más faltaba, escoja usted primero; pero no fue así y actitudes como esta tienen las consecuencias que todos conocemos en (Génesis 19).
Luego de que Lot se fue, el Señor dijo a Abraham que mirara a los cuatro puntos cardinales, pues toda esta tierra tarde o temprano sería de los suyos. Él no tenía más apuro además de buscar un lugar para construir un altar a Jehová; sabía en quién había creído y que los tiempos de Dios no son los nuestros.
Retomando el tema de la reflexión, nos encontramos con que no siempre dimensionamos el propósito o fin de lo que pedimos a Dios y por buenos que luzcan a nuestros ojos las aparentes bendiciones, no siempre lo son.
Toda esta tierra que vio Lot y que se parecía mucho a Egipto o al huerto de Jehová como lo describe el verso, no pasaba de ser un espejismo colmado de pecado y por esto tarde o temprano, Dios traería destrucción sobre ellos.
El meollo del asunto no está en lo que pedimos, sino para que lo pedimos. Lo hacemos para nuestro bienestar o para servirle a Dios con lo que Él nos dé. Vuelve al ruedo la forma de pedir en Mateo y lo que no es para algo productivo, no llega o prospera.
Es de vital importancia saber pedir y cuáles son las motivaciones: La sabiduría de Dios es definitiva no sólo al momento de orar pidiendo algo; sino al momento de recibirlo, pues se debe mirar más con el entendimiento que con los  ojos.
REFLEXIÓN: Lo que se ve con los ojos fenece, con el entendimiento permanece!

REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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