Varios años atrás se luchaba frente a
un sin número de obstáculos para sacar adelante la Gran Comisión dejada por el
Señor Jesús. Desde su venida ha habido persecuciones de diversas líneas de
gobierno.
Comenzando por los emperadores romanos
entre los que encontramos al famoso Nerón, que no sólo persiguió al naciente
cristianismo; sino que hizo matar a su madre y a su esposa. Con esto ya puede
hacerse una idea de la clase de personita que era éste “caballero”.
El asunto no para ahí, luego de la
caída de este imperio, la palabra fue perseguida entre otras por el catolicismo
romano y con una tenacidad, que sobrepasaba a todos los métodos empleados por Nerón.
Los creyentes eran mutilados o aserrados;
montados sobre unos caballetes, en los que los amarraban de pies y manos con un
lento proceso de estiramiento para negaran su fe; de lo contrario iban
reventando sus tendones, músculos, piel, huesos hasta la muerte y todo según la
religión en el nombre de Dios.
También fueron perseguidos por el
comunismo de Lenin y Stalin, por Hitler,
Mussolini, y otros tiranos en Europa, Asia y África. Podríamos decir que no hay
continente de la tierra en el que no haya sido perseguido el mensaje de Cristo.
Hoy y por la Gracia de Dios tenemos un
tiempo de refrigerio; en el que usted y yo podemos escuchar y compartir la
Palabra sin ser presionados con la muerte, algo así como hicieron los
conquistadores y sus agregados religiosos en las comunidades indígenas
encontradas en América.
Éste es un periodo en el que podemos
congregarnos en los templos sin ningún impedimento; pero con la excesiva libertad
que ya no hace creyentes genuinos. La comodidad siempre ha sido el comienzo de
la debilidad y éste caso no es la excepción.
Una de las formas que tiene Dios para
que desarrollar nuestra fe, es a través de necesidades varias y como
cristianos, en vez de agradecerlas, nos dedicamos a orar para que estas no se
den. Es aquí donde debemos ver la importancia de lo que permite el Señor y
tratar de sacar el mayor provecho de estas.
Como resultado a éste entorno,
encontramos templos y estadios llenos; pero “llenos de qué?”. De gente que se
llama cristiana o simpatizantes, personas que en el mejor de los casos tiene un
mar de conocimiento; pero con un centímetro de profundidad “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en
espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).
Gente que no da la pelea por la
santidad que Dios espera y requiere de sus llamados. La responsabilidad es
grande para los que decimos ser cristianos, y mejor sería estar internados en
las selvas africanas o suramericanas desconociendo la Biblia, que conocerla y
no vivirla.
REFLEXIÓN: El templo donde se congrega
usted puede estar lleno; pero de simpatizantes de Jesús!.
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
¡COMPARTA DE GRACIA, LO
QUE DE GRACIA RECIBE!
Síganos
en Twitter:
@ReflexionBi